Doble mirada

¿Qué ha cambiado? Invitación al debate

No se trata de juzgar gobiernos y partidos, sino tener mejores elementos para rediseñar estrategias y políticas de acción que garanticen la seguridad de la sociedad.

Después de ocho años de lucha contra las organizaciones del narcotráfico; de eventos de alto impacto, como los protagonizados por el cártel de Jalisco Nueva Generación; de la existencia y fragmentación de numerosas organizaciones delictivas, muchas de ellas muy violentas, y de elevados índices de inseguridad a pesar de la disminución de algunos delitos, no es extraño escuchar juicios que aseguran que nada ha cambiado y que las políticas y acciones estatales han fracasado. Los hechos son innegables, pero las conclusiones podrían no ser exactas o precisas, debido a que no todo lo que ocurre en este ámbito es tangible. Hay fenómenos poco visibles que deben ser tomados en cuenta para hacer un balance más preciso.

Considerando lo relevante del tema y la gravedad de los hechos, es urgente e indispensable discutirlo a fondo, con seriedad, sin visiones simplistas ni intenciones políticas o partidistas. No se trata de juzgar gobiernos y partidos, sino, desde una perspectiva de Estado, tener mejores elementos para rediseñar estrategias y políticas de acción que garanticen la seguridad de la sociedad y la vigencia del estado de derecho, dos cimientos básicos de la democracia y de cualquier modelo de desarrollo.

Apunto de manera breve algunas tesis y preguntas para el debate. La primera es referente a las transformaciones de las organizaciones criminales y de los modelos delictivos. Es ya un lugar común señalar el proceso de fragmentación de algunos “cárteles” en varias bandas dedicadas al secuestro, extorsión, etcétera. Ello ha producido un fenómeno negativo, sin duda alguna, por el incremento de la inseguridad en los municipios y estados donde operan, debido a dos factores: la violencia que utilizan y la ausencia de policías locales eficaces y confiables. Un tema colateral positivo: en teoría para combatir a este tipo de delincuencia ya no serían necesarias las fuerzas armadas; donde hay policías locales, aunque sea medianamente buenas, la inseguridad disminuye, no crece o incluso no se traslada a esos lugares. Ejemplos: Monterrey, Tijuana, Querétaro, Aguascalientes, entre otros.

Pero el crimen organizado dedicado al narcotráfico no ha desaparecido ni lo hará pronto (dejo a un lado el tema de la legalización, pues no ocurrirá en el corto plazo, por más que fuese deseable). Su disminución numérica, ¿es buena o mala noticia? ¿Qué es mejor, tener muchas o pocas organizaciones? ¿Es posible forzarlos a que no utilicen la violencia masiva y salvaje? ¿Cómo frenar su fortalecimiento para que no capturen a las instituciones policiacas y políticas?

Aventuro una hipótesis polémica al respecto. Creo que un logro muy importante ha sido el desmantelamiento de varios cárteles, especialmente los más violentos (Zetas, Beltrán Leyva, Familia-Templarios), no obstante su fragmentación. La razón es que después de décadas de predominio en territorios locales y fortalecimiento de las organizaciones criminales, el Estado ha recuperado iniciativa, capacidades y fortaleza para marcarles un alto. Se neutralizó una amenaza a la seguridad nacional a costa de una amenaza a la seguridad pública. Habría que revisar con mucho detalle las estrategias utilizadas y sus costos, de manera que se tengan elementos para analizar si en la próxima desarticulación de Nueva Generación se encuentran y aplican métodos más eficaces y menos costosos en términos de violencia, víctimas, respeto a derechos humanos, etcétera. De ahí la importancia del debate.