Doble mirada

Aumento “no sustancial” de homicidios, pero no de la violencia


Dos frases revelan la poca seriedad con que el actual gobierno enfrenta la inseguridad y la violencia en el país. El comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales, declaró la semana pasada que el incremento de homicidios registrado en los dos últimos años es "no sustancial". Lo primera reacción a tales palabras es inevitable. Cuando se trata de personas asesinadas; de padres destrozados por la muerte de los hijos; de huérfanos y viudas en el desamparo por el asesinato del padre y esposo; de mujeres víctimas del machismo, no creo que la mejor manera de adjetivar el incremento de asesinatos sea el de insustancial.

Sin embargo, para ser justos, el comisionado se refería al tamaño del incremento, pues, según él, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en lo que va de 2016 apenas llegó a 16.9 contra una tasas de 15.4 en 2015. Es decir que el aumento en la tasa ha sido únicamente de 1.5 puntos. Y para relativizar el dato, añadió que en 2007 la tasa de homicidios era de 8 y que en 2012 llegó a 22. Aparte de que la comparación es inexacta, pues las tasas de 2007 y 2012 son calculadas con base en datos del Inegi, y la de 2016 es con datos del Sistema Nacional de Seguridad —cuyas cifras son entre 10 y 14% menores que las del Inegi—, de ninguna manera el incremento de la tasa de homicidios es insustancial.

Creo que lo relevante y sustancial del incremento sostenido de asesinatos dolosos desde principios de 2015 es que se revirtió una tendencia que llevaba tres años y medio. Mayo de 2011 fue el mes en que se alcanzó la cifra más elevada de homicidios (en todo 2011 hubo 22 mil 852 homicidios) y a partir de entonces comenzó a disminuir sostenidamente —en 2012 fueron 21 mil 736 y en 2013, 18 mil 331— hasta finales de 2014, cuando la cifra total se ubicó en 15 mil 653. El gobierno de Calderón dejó una tendencia decreciente que continuó durante los dos primeros años de esta administración. ¿Qué pasó en los dos últimos años? El gobierno no ha dado ninguna explicación.

De haber continuado la tendencia decreciente en 2015 y 2016 (entre 2012 y 2014 disminuyó un promedio de 10% cada año), el número de homicidios de 2016 debiera hacer sido de alrededor de 12 mil 500. Pero vamos a terminar el año con alrededor de 22 mil. ¿Diez mil asesinatos más son "no sustanciales"?

Este nivel de violencia es un problema que rebasa a los gobiernos y a los partidos; es del Estado y por lo que estamos viendo, ni las instituciones estatales —ni la academia o las ONG dedicadas al tema— hemos encontrado explicaciones serias de lo que está ocurriendo, que se puedan traducir en políticas eficaces de reducción de la inseguridad y la violencia. Negar o minimizar el problema es el peor camino para enfrentarlo. Pero quien debiera convocar a un debate serio sobre la evolución de los homicidios y de lo que está detrás de ellos —una transformación acelerada y compleja de las organizaciones criminales; el recrudecimiento de conflictos del narcotráfico por el control de plazas; un probable incremento de oferta de cocaína; la parálisis de la mayoría de los gobiernos estatales en materia de seguridad— es el gobierno y debiera hacerlo, en vez de hacer declaraciones, como la del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, para quien aumentaron los homicidios pero no la violencia.