Doble mirada

¿Cómo arranca la elección de 2015?

El significado político de los comicios de 2015 supera la numeralia de puestos de elección, que no es nada despreciable. Las elecciones intermedias suelen ser una especie de referendo para el Presidente en turno.

En los comicios de 2015 están en juego mucho más que 500 diputados federales, nueve gubernaturas, mil 9 alcaldías y 650 diputaciones locales. Su significado político supera la numeralia de puestos de elección, que no es nada despreciable. Las elecciones intermedias suelen ser una especie de referendo para el presidente en turno. El voto ciudadano en la elección de la Cámara de Diputados suele expresar la aprobación o el rechazo a la gestión del presidente en turno.

Así ha sucedido desde 1991. Carlos Salinas fue aprobado de manera aplastante en ese año. Ernesto Zedillo fue castigado por las consecuencias del “error de diciembre” al grado de que por primera vez en su historia, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Seis años después, en 2003, el PAN se derrumbó por el enorme desencanto que produjo el gobierno de Vicente Fox. Y las intermedias de Felipe Calderón en 2009 coincidieron con la profunda crisis económica internacional, que hizo que ese año el PIB se contrajera casi 5%. Otro castigo económico.

Si se tiene en cuenta la mala situación económica del país, la severa desaprobación del gobierno de Enrique Peña Nieto (según la última encuesta de GEA-ISA, dada a conocer hoy, 39% de los ciudadanos respaldan su gestión y 55% la reprueban. Ya ni es noticia), lo normal sería esperar un elevado voto de castigo para el partido gobernante en junio próximo. Sin embargo, hasta el momento los ciudadanos no están pensando así.

La distribución de la intención de voto es la siguiente: PRI, 31%; PAN 15%; PRD, 9%; Morena 3%; ninguno de los partidos faltantes (PVEM, PT, Panal, MC) llega al 3% requerido para conservar su registro. La asistencia a las urnas sería ligeramente superior a 40%. En caso de que PAN y/o PRD no logren mejorar sus imágenes y recuperar credibilidad y confianza ciudadanas, el descontento social se manifestaría en abstención y no en votos para la oposición. Por supuesto que esto puede cambiar en los próximos 12 meses y, probablemente, lo haga.

Pero por lo pronto este posicionamiento inicial revela los enormes significados que tienen para PAN y PRD los comicios. Para el PAN —tercer lugar en la elección de 2012— el reto consiste en reposicionarse y recuperar el segundo lugar e incluso disputar el primero. Para ello tendría que superar sus problemas de unidad interna, fortalecer sus debilitadas estructuras estatales y presentar candidatos atractivos en las elecciones locales. No imposible, pero sí bastante complicado y no tan probable.

De las nueve gubernaturas en disputa, Acción Nacional tendría que retener las dos que tiene (Sonora y Baja California Sur) y tratar de recuperar otras tres que ya tuvo (San Luis Potosí, Querétaro y Nuevo León). También debiera ganar alcaldías importantes en Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Morelos, Querétaro y San Luis Potosí. Solo si consigue un incremento relevante de votos y posiciones el próximo año, el PAN tendrá oportunidades de ser considerado por la ciudadanía como una opción real en 2018. En otras palabras, una buena parte de sus probabilidades de triunfar en la elección presidencial dependen de lo que logre en 2015.

En el caso del PRD enfrenta el reto de su división. Con Morena disputará cuál partido queda con más votación y representación política; es decir, cuál de los dos será la primera fuerza de la izquierda. Se van a dividir el 18% de la votación histórica de la izquierda en elecciones intermedias. Por lo pronto, el PRD lleva ventaja (9 contra 3, según la encuesta), pero Morena tendrá a su favor el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador (no habría que descartar que AMLO sea candidato a diputado federal con la idea de ser el líder de su bancada), ya que el PRD no tiene ninguna figura parecida que le atraiga votos de ciudadanos tanto de la izquierda como apartidistas. Apenas comienza la batalla, que será sin clemencia.

Además, el perredismo debiera retener las gubernatura de Guerrero y recuperar Michoacán. En el Distrito Federal se le presenta una situación muy compleja por el enorme desgaste de 18 años de gobierno, por la división que le significa Morena y las probabilidades de una coalición PAN-PRI en algunas delegaciones, lo que le podría significar la pérdida de su hegemonía electoral en la capital del país. Muchísimo en juego.