Doble mirada

Al abordaje

El interés de los partidos por los comicios de junio próximo es inversamente proporcional al de la sociedad. A ellos se les va la vida. La mayoría de los ciudadanos cada vez cree menos en el poder transformador de la política y de las elecciones.

Al observar las disputas por las candidaturas, parece que el interés de los partidos por los comicios de junio próximo es inversamente proporcional al de la sociedad. Mientras a ellos se les va la vida, pues se trata de poco más de 2 mil puestos de elección (con todo lo que implican: salarios, privilegios, ayudantes, asesores, presupuestos y huesos a repartir), además del monto del financiamiento público que recibirán durante los próximos tres años, la mayoría de los ciudadanos cada vez cree menos en el poder transformador de la política y de las elecciones.

Además de las posiciones a ganar (500 diputados federales y 600 locales, mil alcaldías y nueve gubernaturas), el gobierno y todos los partidos tienen más cosas en juego.

Para Enrique Peña se trata de un examen a la mitad de su gestión. Desde hace tiempo las encuestas registran niveles de aprobación muy bajos. Sin embargo, una cosa es reprobar al Presidente frente a un encuestador y otra ir a la casilla a votar por algún partido de oposición. Hasta el momento no es claro que el descontento con el gobierno se vaya a traducir en un descalabro serio del PRI. Todas las encuestas lo ubican en primer lugar de las preferencias, no obstante que hay signos claros de que el mal desempeño económico y político de la actual administración se le empieza a trasladar al partido oficial.

Las vulnerabilidades están ahí, pero no se convertirán en una caída electoral del PRI de manera automática. Falta saber si la oposición tendrá la estrategia e inteligencia para lograrlo. Y aquí aparece una paradoja, pues un resultado favorable para el PRI-gobierno —producto de un gran abstencionismo o de la debilidad e incapacidad de la oposición para aprovechar el descontento social— fortalecerá el antipriismo, generando un escenario adverso para ese partido en 2018.

El PAN tiene el reto de recuperar el segundo lugar, pues en la elección presidencial de 2012 fue desplazado al tercero. Considerando el lamentable estado del PRD, no hay duda de que será el segundo partido más votado, pero habrá que ver si cuando menos iguala el porcentaje obtenido en 2009 de 28% y si supera al conjunto de todos los partidos de izquierda. Ya no para todo el partido, pero sí para Gustavo Madero está en juego la fuerza de su liderazgo y la posibilidad de ser un precandidato viable a la Presidencia en 2018. Si los resultados no son muy favorables, sus posibilidades se debilitarán significativamente.

PRD y Morena se disputan ser la principal fuerza de izquierda. Si el PRD pierde, estará condenado a convertirse en un partido marginal, pues la figura carismática de AMLO, su casi segura tercera y muy fuerte candidatura a la Presidencia y el mayor respaldo electoral de Morena acelerarían el traspaso de militantes y organizaciones a quien tendrá mayores posibilidades de triunfo en 2018. Si, por el contrario, el PRD supera a Morena, sobrevivirá debilitado (difícilmente tendría más de 15% de la votación nacional) pero quedaría urgido de una renovación a fondo, pues su desprestigio es mayúsculo. La disyuntiva es entre una cosa mala y otra peor: terapia y rehabilitación intensivas o la probable extinción. AMLO tiene condiciones favorables para desbancar al PRD, pero su fuerza está concentrada en pocos estados, por lo que tendría que arrasar en el DF para desplazar al PRD.

Parecerá un pillaje (de puestos de elección) con muchos observadores pasivos.