Doble mirada

Reformas y Oceanografía: retos para la democracia

En México estamos inmersos en reformas no solo para mejorar el acceso al poder, sino el ejercicio del poder.

En un excelente ensayo sobre los problemas de la democracia, la revista The Economist hace un recuento de las causas por las cuales se han debilitado las instituciones sobre las que se sostienen las democracias, tanto de los países desarrollados como de los emergentes. El primer punto sobre el que advierte es que lo que damos por sentado —la permanencia de la democracia como sistema para detentar y ejercer el poder— puede desaparecer.

En 1941 había muy pocos países calificados como democracias, según The Economist solo 11. Incluso Europa estaba infectada de autoritarismo y dictaduras: España, Italia, Alemania, la Unión Soviética, entre otros. Originada en Atenas 22 siglos atrás, dormida durante 20, despertada en Estados Unidos a fines del siglo 18, fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando por fin la democracia se abrió paso y se expandió en muchas partes del mundo; no solo en Europa, sino también en Asia, África, y América Latina. Al finalizar el siglo pasado casi 50 por ciento de la población mundial vivía en países con sistemas democráticos que celebraban regularmente elecciones libres.

Sin embargo, en lo que va de este siglo, los reveses de la democracia han sido severos. Según FreedomHouse, un centro de pensamiento que elabora investigación comparativa en todo el mundo sobre la democracia y las libertades, 2013 fue el octavo año consecutivo con retrocesos. Muchas democracias se han convertido en nominales. Solo les queda el nombre, pues aunque mantienen las apariencias (celebran elecciones) las instituciones (Poder Judicial y Legislativo) y las libertades (de expresión, de organización, etcétera) que garantizan el buen funcionamiento de la democracia han sido socavadas. Varios países se han deslizado hacia la autocracia, como Rusia, Venezuela, Ucrania y Egipto.

La representación democrática enfrenta severos problemas estructurales: desde arriba, la globalización (poderes supranacionales) y desde abajo (movimientos separatistas, poderes fácticos internos), pero sobre todo desde dentro de la misma democracia. En este último grupo de retos está el creciente apoliticismo de los ciudadanos (la participación electoral y la membresía de los partidos han disminuido considerablemente), los severos déficits presupuestales que han impedido que los gobiernos puedan satisfacer las crecientes demandas ciudadanas; la debilidad de las instituciones públicas que no logran atajar la corrupción de la clase política o imponer una adecuada regulación de los sistemas financieros.

Así, la crisis financiera de 2008 junto a los enormes costos pagados por los contribuyentes para rescatar a los bancos y los escándalos de corrupción han sido factores que provocaron la pérdida de credibilidad de la eficacia de la democracia, tanto en países desarrollados como emergentes.

Todo esto viene a cuento porque en México estamos inmersos en reformas no solo para mejorar el acceso al poder, sino el ejercicio del poder. En principio, las modificaciones al entramado institucional realizadas el año pasado y que deben completarse en los próximos meses, apuntan en la dirección correcta: órganos reguladores fortalecidos, más transparencia, más competencia en sectores económicos estratégicos, disminución del poder de monopolios, etcétera. Sin embargo, como lo escribí hace un mes, en los detalles de la legislación secundaria se puede esconder el diablo y nulificar el espíritu de las reformas, de tal manera que impere el gatopardismo: que todo cambie para que todo siga igual.

No hay que cantar victoria. Enfrente está la urgencia de que la cloaca de Oceanografía no quede impune. ¿Cómo es posible que durante varios años una empresa haya defraudado a Banamex, a Pemex, al IMSS, al Infonavit, a la SHCP, sin que nadie se diera cuenta? Ese caso, por desgracia no el único, habla de la extrema debilidad de los mecanismos institucionales que investigan, pero sobre todo que sancionan la corrupción y los delitos de cuello blanco; temas que están lejos de haber sido resueltos de manera integral en las reformas del año pasado.

Es muy difícil y complejo fortalecer la democracia y muy fácil descreditarla. ¿Nos sumaremos a la lista de países en reversa democrática?