Doble mirada

Reforma electoral y escepticismo ciudadano

Ojalá que los partidos acaten el nuevo marco legal, acaben el ciclo de reformas electorales y se pongan a transformar el ejercicio del poder. Que la democracia sea algo más que la alternancia de partidos desprestigiados.

Tenemos nuevas leyes e instituciones electorales. Ya perdí la cuenta. No sé si esta fue la séptima u octava reforma en esa materia desde 1978, cuando se inició el proceso de transición a la democracia electoral. Después de 36 años, los partidos siguen batallando con las reglas de acceso al poder. No han bastado más de tres décadas, decenas de elecciones, cientos de artículos en las leyes y miles de millones de pesos gastados por el IFE y el TEPJF para instituir incentivos necesarios para que los actores electorales cumplan con la normatividad y generar la confianza suficiente de los ciudadanos en los comicios.

¿Será esta la última reforma electoral? No lo creo. Los partidos se han comportado como los contadores de las grandes empresas, que en el momento en que se aprueba una nueva miscelánea fiscal, ya están trabajando para encontrarle los huecos y seguir evadiendo, por las buenas o por las malas, el pago de impuestos. ¿Por qué va a ser diferente ahora? ¿Las nuevas leyes contienen mecanismos eficaces que incentiven a los partidos, sus candidatos y operadores a cumplir las nuevas normas?

¿Que los gobernadores pierdan influencia sobre los órganos electorales locales será razón suficiente para que dejen de meter sus manos en las elecciones? ¿Su injerencia se reducía a imponer consejeros electorales dóciles? ¿Las nuevas capacidades de fiscalización del INE podrán contra la creatividad de los contadores partidistas para ocultar gastos y demás mañas? ¿Los nuevos castigos realmente desincentivarán la comisión de delitos electorales?

No sé las respuestas. En 2015 tendremos los primeros indicios de si esta vez acertaron (ojalá) o si los partidos comenzarán a preparar la enésima reforma electoral y así hasta el fin de los tiempos. Lo que sí es claro es que la reforma aprobada sigue siendo un síntoma del desencuentro entre ciudadanos y la clase política. Para los partidos, las reglas de acceso al poder siguen siendo la prioridad número uno, mientras que reducir la desconfianza de la sociedad en la política los tiene mucho menos preocupados.

A la pregunta, en la encuesta GEA-ISA, de las reformas aprobadas ¿cuál le parece que es la más importante? La respuesta es contundente: 34% de los ciudadanos respondió que la educativa; la electoral, 1%. ¿Qué reformas cree usted que hacen falta además de las realizadas recientemente? Respuesta: reformas anticorrupción, 35%; en seguridad, 31%.

¿Se ha enterado usted de que los partidos estén preparando alguna reforma en estos temas? Es cierto, se aprobó la comisión anticorrupción, pero además de ser insuficiente, ¿ha oído usted algo sobre su creación y puesta en operación? ¿Hay alguna fecha al respecto? ¿Sabe usted de alguna iniciativa para mejorar las instituciones de seguridad —las policías y las cárceles— en los estados? Los intereses de los partidos no son los mismos de la sociedad. Ellos siguen obsesionados con modificar las reglas de acceso al poder; los ciudadanos queremos reglas que mejoren el ejercicio del poder, que le den sustancia a la democracia.

Por eso no sorprenden estos datos. En la encuesta de GEA-ISA se registró el severo desplome de la imagen de los tres principales partidos. En septiembre de 2013, el PRI tenía un balance de 17 puntos positivos (opiniones positivas menos las negativas), el PAN de 3 positivos y el PRD de 16 negativos. En marzo de este  año, el balance priista es de 14 negativos (caída de 31 puntos); el panista es de 25 puntos negativos (desplome de 28 puntos) y el perredista llegó a 33 negativos (hundimiento de 17 puntos). El descrédito total de la partidocracia. Pero los tiene sin cuidado.

Los obstáculos a las candidaturas independientes, el incremento a los montos de financiamiento privado y un umbral de 3% de la votación nacional, en vez del 2% previo, para que un nuevo partido alcance el registro son algunas de las nuevas normas que mantienen los rasgos de la llamada partidocracia.

Ojalá y los partidos acaten el nuevo marco legal, acaben el ciclo de reformas electorales y levanten la mirada para ponerse a transformar, para bien de la sociedad, el ejercicio del poder. Que la democracia sea algo más que la sola alternancia de partidos desprestigiados.