Doble mirada

El Pacto desde la óptica de los ciudadanos

Con la aprobación de las reformas política-electoral y energética termina el ciclo reformador más relevante de las últimas dos décadas. Podrá uno estar feliz y otro rasgarse las vestiduras por la electoral y/o la energética, o señalar que la educativa se quedó corta en términos de la definición de calidad educativa (reducida a la evaluación del magisterio), pero el saldo neto es impresionante y, desde mi punto de vista, positivo.

El Pacto por México ha sido un instrumento eficaz de diálogo político. Modificó la lógica de los últimos 15 años en materia de negociación política (acuerdos puntuales, tema por tema y, en la mayoría de los casos, bipartidistas) por otra caracterizada por una agenda amplia, de consenso de las tres principales fuerzas políticas, que además generó certidumbre de mediano plazo, pues delineó un horizonte de cambios que, con altibajos y vaivenes, se cumplió. Desde esa perspectiva, fue un ejercicio de democracia eficaz, funcional, como no se había visto desde que se instaló la pluralidad partidista en el Congreso en 1997.

El contraste es que, a pesar de la demostración de una democracia operante, que arrojó algunos cambios muy positivos para el país, como la evaluación de maestros, la transparencia, la autonomía de la PGR e incluso la liberalización de los sectores de telecomunicaciones y energético (por supuesto que falta la prueba del ácido: su puesta en práctica, pues en no pocas ocasiones las leyes se han vuelto letra muerta en México), la evaluación que hacen los ciudadanos del Pacto no es buena.

Pregunta de la encuesta GEA-ISA que hoy se da a conocer: ¿A quién beneficia principalmente el Pacto por México? Al presidente, 36%; a los partidos, 26%; al pueblo, 17%. A la pregunta ¿A usted y su familia le beneficia o le perjudica la reforma (y se le iban mencionando cada una)? Respuestas: La educativa beneficiará a 53% de los ciudadanos, por 12% que aseguró que los perjudicará. En el caso de la energética, el mismo porcentaje, 29, dice salir beneficiado y perjudicado. En la fiscal puede estar la clave del descontento con el Pacto: 20% dice que saldrá beneficiado (recuérdese que la reforma incluye el seguro de desempleo y la pensión a mayores de 65 años) mientras que 37% asegura que será perjudicado. Más de la tercera parte de la población asegura que pagará más impuestos.

En cuanto a qué tan importante para el país considera cada una de las reformas, 65% responde que mucho en el caso de la educativa y 39% para la energética. Y después de listarles todas la reformas, la pregunta, cuál es para usted la más importante: 39 opinó que la educativa, seguida por un 24% que opinó que es la anticorrupción (no discutida ni aprobada) y en un tercer lugar, la energética con solo 10%. También es revelador el contraste entre las prioridades de los partidos (que adelantaron la política-electoral antes que la energética) y de los ciudadanos. Solo para 2% de éstos, la reforma política-electoral es la más importante.

A la pregunta ¿qué reformas cree que hacen falta además de las ya aprobadas recientemente? Las respuestas fueron espontáneas y muy interesantes: empatadas en primer lugar la energética (la encuesta se levantó entre el 29 de noviembre y el 1 de diciembre) y las reformas en seguridad con 28% de menciones. En segundo lugar, las reformas anticorrupción con 24% de menciones. Dos temas —corrupción y seguridad— en los que la clase política y el gobierno no parecen estar muy interesados. O, no obstante el incremento de los secuestros y extorsiones, usted ha oído a algún legislador, gobernador, dirigente de partido político o funcionario de Gobernación declarar sobre la relevancia y urgencia de frenar la corrupción y acelerar los cambios legislativos que ayuden a dar más seguridad a los ciudadanos?

Quizá por ese contraste entre prioridades de ciudadanos y políticos, las opiniones sobre el nivel de satisfacción con la democracia cayó de 39% en noviembre de 2102, a 26% en diciembre de este año.  En ese mismo periodo, el porcentaje de ciudadanos que creen que los partidos no representan nada los intereses de la sociedad se duplicó al pasar de 16 a 31; los que dijeron que mucho, se redujeron de 21 a 14.

Por cierto, la aprobación del presidente Enrique Peña se redujo de 50 a 43%.