Doble mirada

Pacto: ¿caballos o camellos?

Por más que ciudadanos y algunos políticos deseemos lo contrario, la política es una actividad en la que no existe lo ideal. La concreción de un gran proyecto o de una simple política pública siempre es tortuosa, llena de imperfecciones y distorsiones. Las razones pueden ser muy diversas: falta de recursos e improvisación; inercias y desinterés de la burocracia; intereses que se resisten y la boicotean; la voracidad de funcionarios que privatizan los recursos públicos a la primera oportunidad. Y en no pocas ocasiones todo eso junto.

El caso es que la política es el mundo de lo imperfecto, de transacciones poco claras y entendibles desde fuera; de negociación a veces vergonzosa y secreta; de la decisión entre dos males sin tener claridad cuál es el menor; de la miopía de las visiones y de la mezquindad de los intereses particulares. Difícilmente podría ser de otra manera, pues se trata de la disputa por definir lo público, lo que atañe y afecta al conjunto de la sociedad, y por el control del poder político y sus recursos.

Lo anterior viene a cuento porque a casi un año de iniciado el mayor impulso reformador de las últimas décadas —el Pacto por México— los cambios aprobados comienzan a sufrir ese inevitable proceso de degradación provocado, paradójicamente, por la misma política que los hizo posible. El Pacto por México fue una reacción de la clase política al hartazgo (los ciudadanos ya estábamos hartos desde mucho antes) por la prevalencia de intereses particulares, por la incapacidad para ponerse de acuerdo y por la preocupación por la pérdida de poder de instituciones políticas estratégicas frente a los poderes fácticos.

Así, hemos atestiguado las reformas educativa, de telecomunicaciones, “hacendaria” y estamos por conocer el desenlace de la política-electoral y de la energética. Todo un récord a celebrar después de tanta sequía de cambios estructurales. Se pudo y nos permitimos el optimismo.

Pero no contábamos con la naturaleza de la política y la miopía y mezquindad de algunos actores políticos, económicos y sociales. Así, la nueva legislación educativa está en riesgo de quedar en buenas intenciones en buena parte de la geografía nacional, gracias al primitivismo de la CNTE (aferrada a muerte a su condición de dueña de los recursos educativos en los estados donde está presente) y a la medrosidad y miopía de varios gobernadores y del gobierno federal.

Desconozco los cálculos que hizo la SHCP, pero la posibilidad de una reforma hacendaria radical e integral devino en algunos cambios recaudatorios en la dirección correcta (la progresividad y la eliminación de algunos, que no todos, privilegios fiscales), pero muy menores comparados con lo requerido (incremento gradual y sostenido para reducir la dependencia de los ingresos petroleros; rehacer el federalismo fiscal) y sin nada nuevo en materia de mecanismos para hacer más eficaz y eficiente el gasto público, ni para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas (¿son conscientes los priistas de que ese es uno de los puntos más débiles y que les pueden costar mucho en el mediano plazo?) ¿Cobrar y recaudar más sin garantizar eficacia ni honestidad del gasto y además poner en riesgo la estabilidad macroeconómica?

Los tiempos fijados por el Pacto —todo en un año— más la voracidad electoral de algunos gobernadores que provocó el condicionamiento de la reforma energética a la política-electoral y la ambición del PAN de sacar mayor raja del Pacto han creado condiciones para que ésta última se perfile como un paquete de parches electorales y algunas modificaciones al régimen político. Eso estará lejos de una reforma que, además de finiquitar el tema electoral, ponga el énfasis en fijar reglas e incentivos para un ejercicio del poder democrático y eficaz. En pocas palabras, lo más probable es que tengamos un camello (definición de camello: caballo diseñado por legisladores). ¿Es eso lo que querían? ¿Cuándo y cómo se torció el camino? ¿Qué tipo de reforma energética saldrá del jaloneo político de los partidos y del juego de intereses detrás de ella?

Queda poco para conocer el saldo final de Pacto. ¿El impulso reformador terminará en ilusiones perdidas y en un desfile de camellos? ¿Puede ser de otra manera?