Doble mirada

PAN: fortalecido, pero aún dividido

Si bien el PAN demostró, a diferencia del PRI y del PRD, que sabe organizar procesos internos exitosos, también debiera aplicar la gran lección del PRI después de 2000: divididos no se llega a ninguna parte.

El reto del PAN en 2015 es mayúsculo. En las elecciones de 2012 no solo perdió la Presidencia de la República, sino que fue desplazado al tercer lugar. Entró en una severa crisis: militancia en desbandada y desmoralizada; propuestas partidistas desacreditadas; gobiernos panistas mal calificados; dirección en entredicho; un electorado que le da la espalda, y una profunda división interna.

Llegar a las elecciones del próximo año (500 diputados, nueve gubernaturas y casi 900 alcaldías) en esa condición es garantía de fracaso. No solo está en juego la composición de la Cámara de Diputados y cientos de puestos estatales y municipales, sino el posicionamiento inicial rumbo a 2018. Si el PAN no se levanta significativamente en términos electorales el próximo año, sus probabilidades de recuperar la Presidencia se reducirán considerablemente.

La historia de los últimos dos años de ese partido no ha sido otra cosa que hacerse cargo de esa crisis y tratar de superarla. La reforma de sus estatutos, la depuración del padrón de militantes, el impulso a su agenda legislativa vía el Pacto por México y la reciente elección de su nueva dirigencia han sido los principales pasos en ese sentido: sentar las bases para su recuperación política y electoral.

La renovación de la dirigencia del PAN terminó con la integración de la Comisión Permanente, el máximo órgano ejecutivo de ese partido. En principio, el saldo de ese proceso es positivo ya que Acción Nacional demostró que mantiene la madurez institucional para llevar a cabo una elección abierta entre sus militantes y elegir un liderazgo legítimo y fortalecido, sin agravar el severo conflicto existente (PRI y PRD fracasaron en intentos similares). Como resultado, está en mejores condiciones para enfrentar el reto electoral de 2015.

Sin embargo, el triunfalismo no debiera ocultar la permanencia de por lo menos dos temas que pueden impedir la salida por completo de la crisis. Primero, la unidad del partido y, segundo, su fortalecimiento en los estados. Ambos están relacionados.

Por las razones que sean, pero el caso es que las negociaciones entre Madero y Cordero no derivaron en una inclusión de los perdedores en los órganos de dirección. No pudieron o no supieron construir una visión y un proyecto común de partido en el cual colaborar ambos grupos. Dado ese hecho, Madero optó por tener una Comisión Permanente homogénea, sin discrepancias para darle unidad de acción al PAN. Dejó fuera a sus contrincantes. Si los corderistas quieren mantener su visión y proyecto de partido, que lo hagan, pero no desde el máximo órgano ejecutivo, declaró Madero.

No sé de quién es la responsabilidad de que no hayan podido construir un proyecto común. Pero ante la persistencia de la división real, Madero decidió quedarse con todo, legal y legítimamente. Además por puro pragmatismo, ya que ante la urgencia de las tareas que se le vienen encima no se puede dar el lujo de perder tiempo en disputas internas. Pero no haber zanjado las diferencias y no haber construido un piso común para la colaboración de ambos grupos, conlleva varios riesgos. El primero consiste en seguir dando una imagen de partido dividido ante la sociedad, lo cual puede incidir en una percepción de partido con menos probabilidades de triunfo ante ciudadanos apartidistas; no ayuda a recuperar simpatizantes y vaya que le urge hacerlo.

En segundo lugar, la persistencia del estado de ánimo de confrontación puede complicar la unidad en los comités estatales. Cordero ganó en cinco de los nueve estados donde se elegirá gobernador (BCS, Colima, Michoacán, Querétaro y San Luis Potosí) y si no se aplica una política de distensión e inclusión en la definición de los candidatos y se produces divisiones se pondrá en riesgo el triunfo o la recuperación del PAN en esas entidades. Sería un error de enormes consecuencias.

Finalmente, la exclusión o autoexclusión de los perdedores (no sé cual sea el caso) tiene un costo para el PAN, pues entre ellos hay muchos cuadros con un enorme capital político que no debiera desaprovecharse. Si bien el PAN demostró, a diferencia del PRI y del PRD, que sabe organizar procesos internos exitosos, también debiera aplicar la gran lección del PRI después de 2000: divididos no se llega a ninguna parte.