Doble mirada

Navidad, ¿nacerá Jesús en la Iglesia?

Muy pocos acontecimientos históricos se han convertido en una celebración tan prolongada en el tiempo y tan extendida geográfica y socialmente, como la Navidad. Durante cerca de dos mil años, miles de millones de personas por casi todo el mundo han celebrado —y siguen haciéndolo— el nacimiento de Jesús de Nazaret. Es prácticamente imposible separar la cultura occidental de sus raíces cristianas. Y dentro de la cultura cristiana, la Navidad se convirtió en la celebración por excelencia.

Quienes crecimos en el ambiente católico de la segunda mitad del siglo pasado y además tuvimos la fortuna de tratar de ser católicos según el espíritu del Vaticano II, Navidad significaba no solo una fiesta familiar (cena, cercanía y regalos), sino la conmemoración de un hecho histórico que nos comprometía a construir una sociedad más justa, más humana y divina, fundada en los dos mandamientos básicos de Jesús: amar a Dios y amar al prójimo, especialmente al más pobre, al excluido. No digo que la sociedad viviera según las prédicas católicas progresistas, ni de lejos. Solo que esas eran ideas más o menos actuantes.

Sucedieron décadas de secularización acelerada coincidentes con dos papados muy conservadores —los de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI— que ampliaron aún más la distancia entre la Iglesia católica y su grey, y permitieron, al menos por omisión, que una burocracia —la famosa curia romana— se apoderara de la política vaticana y redujera la doctrina católica a una moral hipócrita y farisea, que condenaba condones, divorcios, abortos, sacerdocio de mujeres y al mismo tiempo defendía pederastas de la peor ralea o usaba al banco Vaticano para lavar dinero de la mafia.

La elección del papa Francisco ha traído esperanza. Comienza a sacudir las anquilosadas estructuras de poder dentro de la jerarquía y empuja a la Iglesia en sentido amplio, de comunidad de todos los católicos, a renovarse y llevar el mensaje de Jesús (el del amor y el servicio, no el de la moral) a todos los hombres. Que esa esperanza se traduzca en realidad quizá no sea la última, pero sí una gran oportunidad de frenar y revertir el acelerado proceso de descristianización de nuestras sociedades. 

Mientras eso ocurre en Roma, aquí en México los vientos de renovación no parecen soplar con la misma intensidad, cuando menos en público no se percibe que los obispos se ocupen de impulsar la reforma de la Iglesia en México, cuna de Marcial Maciel. La jerarquía sabe de lo alejada que está su grey del mensaje católico. Una encuesta del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc) presenta una cruda radiografía sobre la cultura y la práctica religiosa en nuestro país: no obstante que 79% de los mexicanos se dice católicos (mayoría decreciente) su educación religiosa es mínima: solo seis de cada 10 asistieron de niños o jóvenes al catecismo. La resurrección de Jesús y la promesa de la propia es el eje de la fe cristiana y solo 37% de los mexicanos cree en la vida después de la muerte.

Si ser cristiano significa amar al prójimo y no solo creer en Dios o ir a misa, muy pocos lo hacen fuera de su casa y de manera organizada, pues solo 5% participa en alguna organización social de ayuda.  Sobre el papel que desempeña la Iglesia en la sociedad, 37% aprecia su trabajo social (apoyo a los pobres, ayuda al prójimo, etcétera) mientras que solo 7% reconoce su labor para mantener la fe; 48% no identifica ningún problema que ayude a resolver la Iglesia o no sabe si lo hace.

Los escándalos de abusos sexuales han tenido su impacto: 20% de los fieles católicos asegura que esos abusos caracterizan a los curas y 18% a los obispos. Uno de cada cinco no es poco. Mientras que solo 40% los identifican con el valor de la solidaridad (uno de los valores cristianos más relevantes).

Una de las conclusiones de la encuesta es la siguiente: “el sentido religioso y la fe (sencilla) de la gente parecen no considerar la experiencia comunitaria y misionera como importantes, son fomentados por la familia y particularmente por la mujer-madre, y no pasan necesariamente por las parroquias, ni por los sacerdotes”. ¿Nacerá Jesús esta Navidad en la Iglesia católica mexicana?