Doble mirada

Ignorancia partidista y reforma electoral

Provocación: los partidos no saben cómo se ganan las elecciones. Por supuesto que tienen ideas al respecto, pero desconocen las razones precisas. El sentido común les dice que los triunfos son producto de cuatro factores. Los dos primeros cuestan dinero: estructura o maquinaria partidista (movilización y ampliación de su base social, acarreo de votantes el día de la jornada) y una campaña eficaz (discurso, propaganda mediática, estrategia de aire, propuesta de gobierno, spots, debates, redes sociales, etcétera). Los otros dos son la calidad del candidato (historial bueno, carismático, confiable, etcétera) y un contexto económico y político favorable.

Lo que ignoran los estrategas partidistas y los analistas políticos (me incluyo) es la combinación exacta de esos cuatro factores; es decir, el peso específico de cada uno, las cantidades requeridas y sus rendimientos marginales. En tiempos recientes se ha sobrevalorado el peso asignado a las campañas mediáticas, al grado de suponer que la presencia de los candidatos o la excesiva publicidad gubernamental en los medios electrónicos son factores que determinan los resultados electorales.

Como la parte más cara de las campañas es la presencia en los medios electrónicos, hay una creciente codicia partidista por asignarse recursos públicos para comprar tiempo en ellos (ahora disponen hasta de los tiempos oficiales). Creo que no hay evidencia para sostener esas afirmaciones, pero siguen peleándose por el acceso a los medios en todas sus modalidades y tiempos.

Algunos datos. En la elección del 2000, PRI, PAN y PRD dispusieron de 2 mil 271 millones de pesos para las campañas (la mayor parte se gastó en presencia mediática) y entre los tres obtuvieron 94% del total de los votos. En la elección de junio de este año, el presupuesto de esos tres partidos fue de 3 mil 372 millones de pesos (mil 100 millones más, equivalentes a 50% más de dinero) pero obtuvieron 60% del total de los votos, una pérdida de 33%.

Este año, el PRI tuvo el mayor presupuesto de su historia en una elección intermedia (mil 360 millones de pesos) más una presencia mediática abrumadora (PRI y PVEM dispusieron de 7.3 millones de spots publicitarios) pero sacó la votación más baja de su historia, apenas 29%. Sirvan estos datos para cuestionar la tesis de que más dinero y más presencia en medios electrónicos garantizan votaciones abundantes.

Esto viene a cuento porque los partidos están por discutir de nuevo reformas a la legislación electoral para normar más el acceso a los medios electrónicos y todo parece indicar que acabarán haciéndola más compleja y cara. El resultado será que los partidos encontrarán resquicios para violar la nueva normatividad, de la misma manera que lo han hecho desde que comenzaron las reformas electorales.

Si los partidos estuvieran preocupados por relegitimar la democracia y garantizar la gobernabilidad del país y no por legislar en función de sus intereses inmediatos que no van más allá de 2018, deberían simplificar al máximo las campañas: reducirlas a un mes y otorgarles la décima parte de los tiempos oficiales actuales de acceso a medios; disminuir considerablemente los topes de gastos de campaña; asegurarse que la presencia en los medios privilegie el debate de propuestas sobre los spots; permitir las campañas negativas (no las sucias), pues son muy informativas y necesarias y, sobre todo, aprobar la segunda vuelta electoral en la elección presidencial. Esas son las reformas que hacen falta.