Doble mirada

Ya hay Gendarmería, falta la política

El anuncio de la puesta en marcha de esta corporación es un ejemplo de las deficiencias en el diseño de políticas públicas, como la seguridad, tema muy sensible para la población.

Siguen publicándose encuestas y la aprobación del presidente Enrique Peña Nieto se mantiene bastante reducida. La explicación oficial es que el titular del Ejecutivo ha sacrificado su popularidad en aras de lograr la aprobación de las reformas estructurales. No obstante que parte de los ciudadanos está contra algunas reformas, esa no es la principal causa. El escaso respaldo al Presidente se debe fundamentalmente al mal desempeño de la economía: crecimiento por debajo del prometido; empleos insuficientes, inflación elevada de productos básicos, mayor pago de impuestos por la reforma fiscal. La gente está enojada por eso.

El problema de la impopularidad no deriva, por tanto, de la voluntad reformista del Ejecutivo (que se le debe reconocer), sino del descuido en el diseño e instrumentación de políticas públicas, fundamentalmente económicas. De ahí que muchos analistas señalen que el talón de Aquiles de esta administración es la gestión, es decir, cómo el gabinete diseña e instrumenta las políticas públicas más sensibles para la población, especialmente las económicas, pero la preocupación se extiende a otros campos.

El anuncio de la puesta en marcha de la Gendarmería es otro ejemplo de esas deficiencias en el diseño de una política, la seguridad pública, también muy sensible para la población. La historia ya es conocida: durante su campaña, Enrique Peña Nieto prometió crear esa policía militarizada con 40 mil soldados y marinos bajo el mando de un civil, como respuesta institucional al problema de la inseguridad y el crimen organizado. Ya en Los Pinos, la idea se puso en marcha, pero por todos lados se les señaló a los nuevos funcionarios responsables de la seguridad que no era una buena idea crear otro cuerpo policiaco sin objetivos ni funciones claras, sin el adecuado fundamento jurídico, que duplicara las de la Policía Federal (PF). La decisión sensata consistía en depurar los enclaves corruptos de ésta y proseguir su fortalecimiento.

Afortunadamente, el gobierno desistió de su idea original y acabó convirtiendo la Gendarmería en una división nueva de la PF. No obstante que se evitó cometer un serio error y que los 5 mil nuevos policías federales reforzarán su capacidad operativa (y en ese sentido, bienvenida), la creación de la Gendarmería está lejos de representar una solución al problema de la inseguridad y tampoco puede decirse que sea parte de una estrategia o política integral en materia de seguridad pública por varias razones.

En primer lugar, porque 5 mil nuevos policías son muy pocos. Un ejemplo. Si atienden 20 zonas del país donde hay ciclos agrícolas (se dice que la Gendarmería protegerá los ciclos económicos) a cada una enviaría 250 policías, que para efectos prácticos serían la mitad, ya que la seguridad es tarea de 24 horas y ningún policía soporta jornadas sin descanso. Por tanto, si los dividen en turnos de 12 horas, en realidad se tendrían 125 policías por zona atendida. Si se consideran todos los ciclos agrícolas y turísticos, los 5 mil policías nuevos son apenas un parchecito comparado con las necesidades. Además, el gobierno no tiene, o al menos no ha comunicado, una idea clara de cuántos gendarmes más se reclutarán en los próximos años. Hasta el momento cumplieron con la promesa presidencial y nada más, pero no hay proyecto para la Policía Federal.

A esa indefinición se añade otra omisión gravísima: la ausencia de un proyecto de fortalecimiento y homologación de la calidad profesional de las policías locales. Si no se hace esto, la PF no podrá resolver la inseguridad en los muchos territorios asolados por la delincuencia. Michoacán es el ejemplo irrefutable. Ahí operan miles de policías federales y soldados. Han desarticulado a Los Templarios pero ello no ha significado abatir la inseguridad. El incremento de homicidios, secuestros y extorsiones en el primer semestre de este año —documentada por Juan Pablo Becerra-Acosta en estas páginas anteayer—, pese al operativo federal, lo demuestran contundentemente. Falta construir policías eficaces y profesionales en ese estado. Y en Tamaulipas y en…

Sin política en materia policial, no se extrañen después con que la realidad no concuerde con el discurso oficial y que la gente desapruebe la gestión presidencial.