Doble mirada

Ganadores: independientes y pequeños

Tres grandes partidos en declive; incentivos para que las candidaturas independientes crezcan; seis partidos pequeños que pueden operar como vehículos de líderes tránsfugas y emergentes o como aliados claves. Se dibuja un escenario inédito para 2018.

Una primera mirada a los resultados de los comicios del domingo sugiere pocas novedades en el panorama: el PRI mantiene su carácter de primera fuerza, seguido por el PAN y el PRD en el tercer lugar. En materia de gubernaturas, sorpresa aparte en Nuevo León, hay pocos cambios: el PAN tenía dos y se queda con igual número, aunque cambia Sonora por Querétaro; PRD también resulta tablas, pues pierde Guerrero pero recupera Michoacán. La pérdida del PRI en números es marginal, pues de seis conserva cinco (si es que Colima no cambia de manos en tribunales).

Es probable que, ante esos números, en Los Pinos haya un sentimiento de alivio y hasta de triunfalismo. Pueden pensar que considerando el tamaño de la crisis de 2014 (Ayotzinapa, economía mediocre, parálisis gubernamental y escándalos de corrupción y de conflictos de interés) les salió muy barato (campañas del PAN y del PRD ineficaces de por medio). No habrán conseguido la mayoría, pero no están lejos de ella. Peor para el PRI si no ven más allá.

En esa primera mirada también destaca el triunfo de Jaime Rodríguez, candidato independiente, con todo lo que implica en términos de cuestionamiento a los partidos tradicionales, en especial a PRI y PAN, que dominaron la escena neoleonesa desde hace varias décadas. Fenómeno similar al de Enrique Alfaro en Guadalajara, que impactó al resto de su zona metropolitana.

Sin embargo, una segunda mirada revela una corriente subterránea, emparentada con la mostrada por lo sucedido en Nuevo León, pero diferente. Se trata de la distribución de los votos entre los tres partidos dominantes y el resto.

PRI, PAN y PRD recibieron una votación mucho menor con respecto a sus trayectorias históricas. El 21% de Acción Nacional es la cifra más baja desde 1991, y casi la mitad con respecto de su nivel más elevado de 2000 (38%); no se diga el 11% del PRD, la menor desde 1990 y casi la tercera parte del 29% obtenido en 2006. El 29% del PRI es la segunda más reducida desde siempre, solo superada por el 28% de 2006, pero la mitad del 58% de 1991. La tendencia es clara y contundente. Si no se desea que alguien gane la Presidencia con 29%, tendrán que pensar en aprobar la segunda vuelta electoral.

El menor peso de las tres principales fuerzas políticas significa necesariamente un crecimiento de los partidos “pequeños”. El cambio es de tal magnitud que la votación de los siete partidos restantes (34%) supera, por primera vez, al primer lugar. En 1997, PRI, PAN y PRD obtuvieron 9 de cada 10 votos emitidos. Ahora solo recibieron 6 de cada 10. Se trata de la atomización de las preferencias. A partir de 2016 —12 gubernaturas— el juego se llamará, con mayor razón, “alianzas electorales”.

En síntesis, se tienen tres grandes partidos en declive; incentivos para que las candidaturas independientes crezcan; seis partidos pequeños que pueden operar como vehículos de líderes tránsfugas y emergentes o como aliados claves para ganar elecciones locales y hasta federales. Se dibuja un escenario inédito para 2018.

Nota: La encuesta GEA-ISA sobre los resultados de Nuevo León falló. Su medición de las preferencias electorales estuvo muy alejada de los resultados de la elección. Es penoso aceptarlo, pero es peor hacerse el tonto y no dar la cara. Las encuestas son un instrumento falible y la opinión pública merece una explicación. En las páginas de GEA e ISA pueden leer un texto que apunta a las probables causas de los errores en la medición.