Doble mirada

Fuga, ¿otra vez sin entender?

Es muy probable que "El Chapo" retome de nuevo la dirigencia de su organización criminal, la cual ha sido protagonista de la mayor parte de los conflictos entre los cárteles de la droga.

A estas alturas ya casi todo es obviedad. Apunto tres que creo que merecen el registro escrito, sobre La fuga (con mayúscula) imperdonable.

1. En la fuga de El Chapo hubo complicidades, omisiones y algo más. Sobre las primeras no es necesario insistir en algo que incluso ya reconoció el secretario Osorio Chong. El algo más es la displicencia (definición del diccionario: desaliento en la ejecución de una acción) aguda que ha mostrado esta administración en materia de seguridad desde su inicio. Hace menos de diez meses la crisis política comenzó por otro grave incidente de seguridad: la anunciada pero no atendida complicidad y corrupción de un alcalde con el crimen organizado, que se tradujo en la masacre de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

El jefe de la oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, reconoció en entrevista al periódico español El País, que no le habían dado al tema del crimen organizado la prioridad requerida. Esa omisión la trataron de remediar, en noviembre pasado, con un decálogo de acciones para fortalecer el estado de derecho (mejor seguridad y medidas contra la corrupción) que hoy en día es prácticamente letra muerta.

Siete meses después de no contar con una estrategia de seguridad (que incluyera, por ejemplo, acciones para debilitar al cártel de Sinaloa después de la captura de El Chapo) ni haber realizado acciones administrativas contundentes contra la corrupción,  adivinen qué: la dupla crimen organizado-corrupción le asesta otro golpe demoledor al gobierno. La fuga ¿problema de los puntos ciegos de las cámaras de vigilancia o de la displicencia con el tema de la seguridad y el crimen organizado?

2. El daño trasciende al gobierno y al Presidente. La sociedad será la afectada en última instancia. El desprestigio interno y externo del Presidente, del Estado mexicano y de sus instituciones de seguridad y justicia tardará mucho tiempo en desaparecer. El golpazo al Estado y la libertad de Guzmán Loera no son, por ningún motivo, buenas noticias. Quienes saldremos perdiendo somos los ciudadanos.

Un gobierno desprestigiado, con credibilidad por los suelos, sin propuestas ni ideas para enfrentar el problema de la seguridad seguirá siendo ineficiente frente a las organizaciones criminales. Además, es muy probable que El Chapo retome de nuevo la dirigencia de su organización criminal, la cual ha sido protagonista de la mayor parte de los conflictos entre los cárteles de la droga (Sinaloa contra Tijuana, contra Juárez, contra Beltrán Leyva, contra Golfo-Zetas) que entre 2006 y 2011 produjeron más de 45 mil asesinatos. Guzmán Loera es un criminal de leyenda por la violencia sin límite ni escrúpulos de sus estrategias de negocio. Es vergonzoso y deprimente que se le admire. No puede descartarse que retome sus políticas expansionistas para controlar Tamaulipas, estado estratégico en el trasiego de drogas a EU, que nunca ha podido conquistar y que ahora no tiene un dueño claro ni fuerte.

3. Curitas para lo imperdonable. Al parecer la respuesta gubernamental se reducirá a la investigación para identificar y castigar a los implicados en La fuga. Puede que anuncie algunas medidas extras para mejorar las cárceles, pero sin cambios en el gabinete de seguridad ¿qué credibilidad tendrá cualquier política nueva —en el remoto caso de que la propongan— en manos de los mismos que durante tres años no han podido delinear una estrategia seria y acumulan en su expediente reveses tan serios? ¿No entienden que no entienden, otra vez?