Doble mirada

Estrategias de campaña /I

A dos semanas de iniciadas las campañas de las elecciones de diputados federales, las estrategias seguidas por los partidos son muy transparentes en un sentido: quieren romper la piñata a como dé lugar.

Para los partidos, los comicios de junio son un botín: 2 mil puestos entre diputaciones federales y locales, alcaldías y gubernaturas, más las posiciones que reparten los ganadores. Además, mientras más porcentaje de votos reciban, más dinero público les tocará los próximos tres años. En otras palabras, es el momento de romper la piñata y agandallar (creo que no hay verbo que describa mejor la disputa electoral) la mayor cantidad de dulces. De estas fiestas solo hay dos cada seis años y esta es una de ellas. Y actúan en consecuencia. Utilizan todos los recursos legales y también muchos ilegales.

El problema con este funcionamiento “normal” de los partidos es que se da en el contexto de una grave crisis de credibilidad de ellos y de la democracia representativa. Por tanto, les debiera preocupar, además del reparto del pastel, recuperar el prestigio y la utilidad del juego para los ciudadanos, la única razón de la competencia.

Sin embargo, a solo dos semanas de iniciadas las campañas de las elecciones de diputados federales, las estrategias seguidas por los partidos son muy transparentes en un sentido: quieren romper la piñata a como dé lugar, pero no les interesa la calidad de la fiesta ni compartir los dulces. Van algunos botones de muestra de ese comportamiento tradicional, que en vez de mejorar la imagen de partidos y contiendas democráticas, abonan a la indiferencia, al rechazo y, en ocasiones, a un mayor desprestigio.

Si bien los partidos son muy transparentes en sus métodos para lograr su objetivo (agandallar lo más posible), en cuanto a los candidatos y a las propuestas son todo lo contrario. Comencemos por los primeros. El Imco y Transparencia Mexicana propusieron que para recuperar confianza y credibilidad en los políticos, los candidatos hagan públicas tres declaraciones (patrimonial, de impuestos y de intereses).

Excelente idea y mecanismo indispensable para prevenir y sancionar la corrupción. ¿Conoce usted a algún político que se oponga verbalmente a la corrupción? Ninguno. ¿Sabe cuántos de los 66 candidatos a gobernador han entregado sus tres declaraciones de forma voluntaria? Cuatro (tres del PAN y uno del PRD), es decir, 6 por ciento. Alegan cuestiones de seguridad. Es entendible, pero…

Asómbrese. El INE propuso que cuando menos los candidatos a diputados federales entregaran sus currículums, los datos básicos de quiénes son, qué estudiaron, cuál ha sido su trayectoria profesional y política. Vamos, lo mínimo para convencernos de que son personas con méritos para representar a los ciudadanos y, por tanto, dignas de ser votadas. La nota principal de ayer de MILENIO debiera ser la del oprobio político del año: 98.8% de los 4 mil 496 candidatos se ha negado a decirnos quiénes son y por qué debemos votar por ellos. ¿Les da vergüenza que nos enteremos de sus antecedentes? ¿Así quieren que votemos por ellos, sin que sepamos quiénes son y qué han hecho? Si pudieran, ni el nombre nos daban. Opacidad pura y pregonan la transparencia y la rendición de cuentas.

En ese sentido, las campañas negativas aportan algo de información. Por ejemplo, ahora sabemos que la candidata del PRI en Sonora tiene un serio conflicto de interés por su relación con algunos constructores de esa entidad, pues hay intercambio de favores: licitaciones a cambio de avión gratis para traslados de la candidata.

Sobre las propuestas, el apego a la ley y otras estrategias, ya hablaremos la próxima semana.