Doble mirada

Elecciones y crisis política: matices necesarios

A escala nacional, 40% de los ciudadanos declara no tener simpatía por ningún partido y 60% sí la tiene; de ellos 51% se identifica por alguno de los tres principales.

Una encuesta GEA-ISA levantada el 8 y el 9 de mayo en Nuevo León revela que la distribución de preferencias era la siguiente: Ivonne Álvarez, del PRI, 38%; Felipe Cantú (PAN), 33%; Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, candidato independiente, 15%. Es decir, la pelea es entre los aspirantes de los dos partidos tradicionales y desmiente la versión del mismo Bronco, de que el hartazgo social con esos dos partidos lo ha colocado en primer lugar en las encuestas.

Al igual que muchos otros analistas, he sostenido la existencia de una profunda crisis de las instituciones políticas. Ello ha dado origen a debates muy relevantes acerca de sus posibles expresiones e implicaciones en las elecciones del próximo 7 de junio: el nivel esperado de abstencionismo; el castigo al partido en el poder; la pertinencia o no del voto nulo; la importancia de las candidaturas independientes; la persistencia de los viejos vicios partidistas en las campañas (ausencia de contenidos, violación reiterada de reglas, espionaje burdo); el reforzamiento de la “partidocracia”; la eficacia e imparcialidad del INE, entre otros.

Sin embargo, que los muchos y graves defectos, vacíos y vicios de nuestra democracia existan y queden expuestos con lupa y una intensidad desmedida durante las campañas electorales, no significa que la ciudadanía entera comparta la visión crítica de los analistas (una crisis casi terminal de la partidocracia) y actúe masivamente para repudiar de manera generalizada tanto al partido oficial, como al sistema de partidos entero y/o a la mafia en el poder.

Algunos datos sorprendentes y contrastantes, por diversos, de la geografía electoral. A escala nacional, 40% de los ciudadanos declara no tener simpatía por ningún partido (son los “independientes”) y 60% sí la tienen; de ellos 51% se identifica por alguno de los tres principales. En Nuevo León, los ciudadanos independientes se reducen a solo 16%, mientras que los identificados con alguna marca partidista suman 84%, de los cuales 66% lo hacen con PAN o PRI. El descontento, real, sin duda alguna, se manifestará de diversas maneras. En Nuevo León no parece haber suficiente enojo contra el sistema de partidos como para darle la victoria a un independiente; el porcentaje de electores que piensa anular su voto en ese estado es de apenas 4%.

En cambio, en el Distrito Federal (encuesta GEA-ISA publicada hoy) hay 42% de ciudadanos que no se identifican con ningún partido, mientras que 58% sí, pero únicamente 23% simpatizan con PAN o PRI. En la capital, el descontento se expresará mediante un voto a favor de la izquierda, 33% por el PRD, 16% para Morena, lo que suma la mitad del electorado. Aquí, que hay mayor repudio al sistema de partidos, quienes aseguraron que anularán su voto suma un considerable 14%.

Sin embargo, otro dato curioso, mientras que el PRI —partido gobernante al que pertenecen miembros destacados que son los autores de los escándalos de corrupción— crece en el Distrito Federal y se convierte en la segunda fuerza electoral con 22% de las intenciones de voto. El PAN capitalino, que tenía todo para reposicionarse (gobierno federal mal evaluado: la desaprobación de Peña Nieto aquí es de 60%; la del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, es de 53% y un PRD en declive por su división) no supo definir ni aplicar una estrategia inteligente, por lo cual ahora disputa con Morena el tercer lugar y muy probablemente termine en cuarto, con solo 16% de los votos. Las encuestas pueden consultarse en http://structura.com.mx/gea/ o en http://www.isa.org.mx.