Doble mirada

Elecciones anticlimáticas y la ignominia

La mala noticia es que ni el imperfecto sistema de partidos, ni los vicios y defectos particulares de cada uno de ellos serán sancionados.

La crisis de fin de año —Ayotzinapa, casas blancas, economía mediocre, parálisis gubernamental— generó un contexto para las elecciones de este año que auguraba desenlaces novedosos y prometedores. Desde un sacudimiento fuerte a los procesos electorales (vía abstención o voto nulo elevados como repudio a la “partidocracia”) o un severo castigo electoral al binomio PRI-gobierno por todos los indicios del regreso o la generalización de prácticas políticas muy repudiadas y autoritarias.

A unos días de las elecciones, la última encuesta GEA-ISA (http://structura.com.mx/gea/) apunta a unos resultados anticlimáticos para quienes, en algún momento de la crisis, percibimos que pudiera haber desenlaces inéditos. En primer lugar, en los comicios para renovar la Cámara de Diputados, parece haber poco margen de duda que el PRI se mantendrá como la primera fuerza electoral, con alrededor de un tercio de los votos (35% de la votación, más/menos 3 por ciento) y junto con 7% del PVEM pudiera alcanzar la mayoría de diputados. Terrible dato para quienes quisiéramos ver un castigo a la abundante corrupción que se percibe por muchos lados, o a la escasa prioridad que le ha dado el gobierno federal al tema de la seguridad.

En cuanto al fortalecimiento o debilitamiento territorial del PRI, son bastante inciertos los pronósticos de seis o siete de las elecciones de gobernador.  El triunfalismo por la elección federal pudiera matizarse o multiplicarse. Pero sería una sorpresa que el PRI perdiera más de tres o cuatro gubernaturas, por lo que difícilmente se darán cambios drásticos en la distribución del poder político en el  territorio.

El otro resultado anticlimático que prevé la encuesta es con respecto a la crítica a la “partidocracia”, ciertamente llena de defectos. La concurrencia de las elecciones estatales va a impulsar la participación en la jornada electoral del domingo. En los estados donde se elegirá gobernador se estima una asistencia a las urnas de 63%; de 55% donde se eligen alcaldes y de 50% en donde solo hay comicios federales. La participación será por tanto de 55% para todo el país, 10 puntos más que en las elecciones intermedias de 2009. El descrédito de partidos y de procesos electorales parece haber quedado atrás y más de la mitad de los ciudadanos  ratificará con su voto a las elecciones como mejor método o el menos malo para formar gobiernos. Buena noticia para la democracia.

Sin embargo, la mala noticia es que ni el imperfecto sistema de partidos, ni los vicios y defectos particulares de cada uno de ellos serán sancionados. El voto nulo sería de 11%, un porcentaje considerable, mayor al que recibirán los verdes (7%) o Morena (6%), pero insuficiente y poco eficaz para promover una conversión de las reglas que permiten el predominio de los intereses partidistas sobre los ciudadanos.

Y ¿para qué quiere el gobierno ganar elecciones si renuncia a su obligación de gobernar, si decide sin recato alguno violar la Constitución, traicionar sus compromisos y perjudicar a millones de educandos? El eventual triunfo electoral no desaparece la crisis de confianza, el enojo de mucha gente, ni la ineficacia del gobierno, agravada ahora con la ignominia de haber cancelado la reforma educativa. La gran tarea que tenía enfrente esta administración era instrumentar las reformas; su única posible redención. Claudicó. ¡Qué manera de traicionar y engañar a quienes votarán por ellos este domingo!