Doble mirada

Drogas, sin solución buena

Mientras exista demanda de drogas con el sobreprecio por su carácter ilegal, siempre habrá quien corra el riesgo de satisfacerla, pues la ganancia será elevada. La lucha contra el narcotráfico es una tarea semejante al mito de Sísifo.

Entre la prohibición y la legalización de las drogas el dilema es entre dos males: crimen y violencia (inseguridad) o adicciones (problema de salud pública). Mantener fuera de la ley la producción, comercialización y consumo de estupefacientes obliga al Estado a perseguir y castigar a quienes lo hacen. El resultado es conocido: organizaciones criminales muy poderosas y violentas, una persecución inacabable con costos elevados en términos de muertos y encarcelados, etcétera. Eso combinado con un problema de adicciones, pues no obstante la prohibición, existe un sector de la población que las consume.

Mientras exista demanda de drogas con el sobreprecio por su carácter ilegal, siempre habrá quien corra el riesgo de satisfacerla, pues la ganancia será muy elevada. Incluso decomisar estupefacientes puede significar mayor utilidad para los narcotraficantes, pues al escasear el producto se incrementa su precio, de manera que la menor cantidad traficada se compensa con un precio mayor. La lucha contra el narcotráfico es, por tanto, una tarea semejante al mito de Sísifo, condenado toda su vida a subir una enorme roca por una montaña y siempre que estaba a punto de llegar a la cima, la piedra se le rodaba, por lo que tenía que comenzar desde abajo una y otra vez.

La prohibición de las drogas ha estado vigente en Estados Unidos desde 1914 y en México un poco después (1926). Han transcurrido cien años y los resultados no son buenos. La última encuesta (2012) en EU sobre el consumo de drogas revela que casi 24 millones de estadunidenses lo hacen regularmente, pese a los miles de millones de dólares gastados años tras año, tanto para reducir la demanda, como para frenar la oferta.

Por ello, no faltan razones para proponer el fin del modelo prohibicionista. Quienes lo promueven parten del supuesto cierto de la imposibilidad de terminar con el narcotráfico por la vía policiaca y señalan, con razón, los enormes daños que ha causado en materia de violencia, inseguridad, afectación del Estado.

Si lo anterior es cierto y obvio, sorprende que haya tanta resistencia y rechazo a legalizar las drogas. Dos terceras partes de los mexicanos se oponen a permitir la producción y el consumo de la mariguana. Pero no es solo de parte de los ciudadanos; prácticamente todos los gobiernos —amigos y no de EU— y la misma ONU no solo se oponen, sino que ni siquiera han abierto el debate. ¿Es ignorancia o puro conservadurismo moral o político?

Apunto una hipótesis sobre esa resistencia: en el debate sobre la legalización quienes la promueven minimizan las eventuales consecuencias en materia de salud pública; incluso se plantea como un dilema entre un bien (libertad individual de consumo) y un mal (la violencia asociada al tráfico). Quienes están a favor señalan que no hay evidencia de que su liberalización produzca un incremento importante del consumo. Mark Kleinman, el mayor especialista en EU en el tema y encargado de definir la regulación del uso de la mariguana en el estado de Washington (no es un prohibicionista), asegura en su libro Drugs and drug policy. What everyone needs to know (de lectura obligada) que en realidad nadie sabe qué pasaría con el consumo si se legalizaran las drogas. El resultado es incierto y depende de muchísimos factores.

Sin embargo, señala que el tabaco y alcohol ejemplifican el consumo de drogas legales y reguladas y que pudieran ser un escenario, quizá evitable, pero no descartable. De acuerdo con la misma encuesta de 2012, en EU hay 59.7 millones de consumidores frecuentes de alcohol y 17 millones de alcohólicos. Cada año el tabaco mata a 440 mil estadunidenses y el alcohol a 100 mil, comparados con las 25 mil muertes producto del uso de todas las drogas ilegales.

Para completar el cuadro, debe señalarse que las políticas de prevención también han sido ineficaces. El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de EU reporta que en 2010 hubo 38 mil 329 muertes provocadas por  sobredosis de drogas (más del doble de los asesinatos en México en su peor año), más de 100 diarias y más del doble que en 1999. ¿Si se legalizan a cuántas muertes se podría llegar?

Terrible problema de salud pública o de violencia. Por eso es tan difícil decidir, porque se trata de escoger entre dos males. Que quede claro.