Doble mirada

Dando y dando…

Hay suficientes datos para señalar que el estado de ánimo de la sociedad comienza a modificarse y sus percepciones sobre el país y el gobierno son un poco menos oscuras y pesimistas.

La constante en lo que va del sexenio, en materia de opinión pública, ha sido una ciudadanía muy descontenta con la situación del país; muy crítica y escéptica con el gobierno de Enrique Peña Nieto y desconfiada sobre las bondades de las reformas estructurales. La serie de encuestas GEA-ISA ha dado cuenta de esos tres fenómenos: el enojo frente a la situación económica, política y de seguridad del país provocaba que más de 50% de la población la considerara como mala y muy mala.

La aprobación presidencial se desplomó a niveles preocupantes para ubicarse, en marzo de este año, en 37%. Y con respecto a las reformas estructurales, únicamente 2 de cada 10 personas las consideraba como muy importantes para el país, mientras que 65% pensaba que eran poco o nada relevantes, además de que alrededor de 20% piensa que son el mayor error del presidente Peña Nieto.

Han transcurrido casi dos años de la actual administración y por fin comienzan a revertirse de manera incipiente esas tendencias negativas. En la encuesta levantada por GEA-ISA del 5 al 7 de septiembre (véase el reporte en la página de internet: http://structura.com.mx/gea/) hay suficientes datos para señalar que el estado de ánimo de la sociedad comienza a modificarse y sus percepciones sobre el país y el gobierno son un poco menos oscuras y pesimistas.

La aprobación de la labor de Enrique Peña Nieto aumentó 6 puntos con respecto a junio pasado y se ubicó en 45%, aunque todavía son más quienes lo desaprueban (49%). Pero ya anda menos lejos del umbral de 50%, que es el indicador de una gestión aceptable. La pregunta indispensable: ¿por qué mejoró la aprobación? Fundamentalmente por dos razones.

La primera, el mejor desempeño de la economía. Los últimos indicadores del Inegi revelan que finalmente el comportamiento del aparato productivo se encamina a un crecimiento relativamente sólido: el PIB creció 1.7% en el primer semestre del año y ello se ha traducido en la creación, hasta agosto de este año, de 500 mil empleos; en un incremento modesto pero cierto de los salarios reales de 0.5%, y en más crédito de la banca al consumo. Estos datos también explican que quienes opinan que la situación económica del país es mala se hayan reducido, entre junio y septiembre, de 54 a 41%. Una disminución importante.

La segunda razón es la intensa campaña de difusión mediática de los logros del gobierno, realizada con motivo del segundo Informe de gobierno, cuyo mensaje central fue la promesa de un cambio positivo y de grandes dimensiones para el país, gracias a la aprobación de las reformas estructurales. El anuncio de la construcción del nuevo e impresionante aeropuerto de la Ciudad de México es el anticipo de que ese cambio va en serio. El resultado es un poco más de optimismo, pues ahora 45% de los ciudadanos confía en cosas buenas para el país en el resto del sexenio. Sin embargo, el mismo porcentaje se encuentra pesimista. No es fácil que un Informe de gobierno triunfalista modifique sustancialmente el arraigado escepticismo sobre las promesas de los gobernantes.

La percepción de las reformas también mejoró. Cuatro de cada 10 mexicanos señala que con ellas las cosas cambiarán para bien en México; hace tres meses eran 3 de cada 10. La mitad de los ciudadanos piensa que la reforma educativa beneficiará a sus familias y una tercera parte cree lo mismo de las reformas de telecomunicaciones y energética. El aumento es de 10 puntos con respecto a junio. Hay mejores expectativas.

Existe pues una relación entre el modesto avance del país, sobre todo en la economía, y el cauto incremento del respaldo social al presidente Peña Nieto. Para el gobierno es una buena noticia que la tendencia se haya revertido, pero el trecho que tiene que avanzar para obtener una evaluación positiva aún es grande y está lleno de obstáculos. Como la economía seguirá mejorando, es previsible que también avance la aprobación presidencial; sin embargo, si la instrumentación de las reformas no se hace bien, el crecimiento no pasará de tasas mediocres, cancelando las expectativas generadas.  Además de beneficios económicos, la gente también demanda buen gobierno. Dando y dando…