Doble mirada

Contienda por el PAN, ¿peor imposible?

La lógica elemental del comportamiento de los políticos es sumar fuerzas para llegar al poder y mantenerse en él. Ambos grupos por la presidencia del PAN emergieron del gobierno anterior, tienen más coincidencias que diferencias ideológicas.

Me temo que la contienda por la presidencia del PAN se perfila como una de esas en las que los participantes se las arreglan de tal manera para que el resultado sea el peor posible, tanto para ellos como para su partido. No sé si habrá fracturas, pero sí heridas aún más profundas que las ya existentes y un partido debilitado con una imagen pública hecha girones, todavía más. El ganador podrá exclamar, entre orgulloso y preocupado, como lo hizo Pirro —aquel general griego que derrotó a los romanos en una cruel batalla en el año 279 antes de Cristo, con cuantiosas pérdidas en su ejército— “otra victoria como esta y estoy perdido”.

Los datos han estado a la vista de todos desde hace varios años y con especial intensidad desde hace algunos meses: existe una profunda división y una creciente polarización entre dos grupos —calderonistas y maderistas— que se disputan el control de Acción Nacional desde 2010. A cuatro años de iniciado el conflicto y después de preguntar por aquí y por allá, de seguir en la prensa los desencuentros y diatribas de uno y otro lado, me quedan claras dos cosas.

Primero, que el pleito se trata fundamentalmente por controlar el partido. No es poca cosa, ni un motivo irrelevante pues son recursos, puestos de elección popular, poder de negociación frente al gobierno, etcétera. Sin embargo, a ambas partes parece olvidárseles que el partido es un medio, no un fin en sí mismo. En medio de tanta acusación y descalificaciones no aparece con claridad para qué quieren el partido. Y esa es mi segunda claridad: las propuesta de futuro del PAN son muy generales y llenas de lugares comunes (unidad, recuperar la fuerza para ganar en 2015 y 2018, preocuparse por los ciudadanos) que se pierden por el encono que arrastran ambos candidatos y grupos.

En otras palabras, hasta el momento es más una disputa de grupos por el poder (el reparto de candidaturas en 2015) y menos de ideas sobre cómo sacar a su partido de la crisis en que está sumergido. Centrar las campañas no tanto en propuestas concretas de renovación institucional, sino en las cualidades de las personas (yo no soy como el otro), en ataques y descalificaciones por temas como la corrupción en filas panistas (no más moches) y en denuncias de guerra sucia (video contra Madero) es avivar y agrandar el ya antiguo conflicto.

De esa manera, lo expanden y trasladan de las cúpulas (el grupo de senadores calderonistas vs. el CEN de Madero) a toda la estructura del partido; lo desparraman de la Ciudad de México a todo el país; involucran a toda la estructura panista en el pleito y polarizan al partido entero. Pareciera que ambos ya llegaron a la conclusión que son como el agua y el aceite, que no caben en el mismo partido; que es tanta la desconfianza y el encono que piensan que si el otro gana, será una desgracia para el PAN. O tú o yo, pero mejor yo, porque tú eres un peligro para el partido.

No se trata entonces de una oportunidad para construir un partido más fuerte en el que quepan todos, y ambas corrientes aporten sus ideas y su trabajo en bien de la recuperación, sino en una lucha por apoderarse de los órganos directivos para desplazar al perdedor de una vez y para siempre. Restar en vez de sumar. Se comenta incluso que ya no hay posibilidad de mediación, que si alguien intenta hacerlo, lo tachan de traidor. ¿De verdad ya cruzaron el punto de no retorno?

El caso es interesante porque la lógica elemental del comportamiento de los políticos, desde una óptica racional, es sumar fuerzas para llegar al poder y mantenerse en él. Ambos grupos emergieron del gobierno anterior, tienen más coincidencias que diferencias ideológicas y programáticas (todos votaron las reformas estructurales). Por tanto, son conflictos y agravios personales y de estrategia lo que los ha dividido y enconado.

Es el hígado, no el cerebro, el que está dictando discursos, estrategias y guiando conductas. ¿Tendrán la inteligencia, la grandeza y la generosidad para rectificar y reconocer que juntos serán más fuertes y al PAN le irá mejor, o están empeñados en demostrar que la racionalidad —no digamos la inteligencia— no tiene cabida en su partido? Con respeto y esperanza a mis amigos panistas de ambos lados.