Doble mirada

"El Chapo" y las redes de protección

Ahora que Joaquín Guzmán está en la cárcel, se pide que también se detenga a los integrantes de las redes protectoras. El problema surge cuando se infiere que la corrupción llega a todas partes y a todos los niveles.

Afirmar que el narcotráfico ha prosperado en buena medida ante la existencia de redes de protección políticas y policiacas es algo así como decir que el sol sale todas las mañanas. El Chapo y el resto de jefes de todas las organizaciones criminales necesitan y compran protección en los territorios donde operan. Pagar por la complicidad de los policías municipales y estatales y de otras autoridades estatales (ministerios públicos, directores de cárceles, etcétera) y federales (policías y soldados, jueces) es el equivalente a los permisos y trámites (uso del suelo, registro ante SHCP, licencias sanitarias, etcétera) para abrir una empresa legal. No hay empresas sin permisos, ni narcos sin corrupción policiaca y política.

Ahora que Joaquín Guzmán —el narco con la leyenda de ser el más rico y poderoso no solo de México, sino para algunos medios, hasta del mundo— está en la cárcel, con toda razón se pide que también se detenga a los integrantes de esas redes protectoras. Hasta ahí todo bien; la petición es lógica, pertinente y necesaria. El problema surge cuando, solo con base en el imaginario popular, alimentado de una corrupción histórica y legendaria, se infiere que ésta llega a todas partes y a todos los niveles. Como no se tienen evidencias, se recurre a un silogismo: los capos corrompen políticos; El Chapo es el narco más poderoso, por tanto debe haber corrompido a los políticos más poderosos.

Vean la siguiente declaración de Phil Jordan, ex agente de la DEA en México y ex director de El Paso Intelligence Center (EPIC), en el sentido de que El Chapo financió la campaña de Peña Nieto: “Yo no tengo los papeles pero hay reportes de inteligencia que indican que el cártel del Chapo está muy metido en la política”. O estas otras de un investigador de la UNAM, John Ackerman: “El Chapo fue el consentido del panismo y ahora el PRI necesita nuevos capos. Hay un relevo. Así como ocurre la alternancia entre el PAN y el PRI. Hay una alternancia de los liderazgos corruptos del país”. Incluso afirma que Obama, quien también protegía a El Chapo, se lo entregó como regalo a Peña para que éste pudiera “reorganizar y administrar al crimen organizado”; y la prueba de ello, dice Ackerman, es la coincidencia de la visita de Obama a Toluca.

El tema es muy complicado y relevante como para tomarlo a la ligera o deformarlo con fantasías. Planteo un par de temas para problematizarlo.

1. ¿Hasta dónde llega la corrupción vinculada al narcotráfico? Si se revisa la evidencia histórica, lo más que se tiene probado jurídicamente son los casos de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien era el fiscal antidrogas en la PGR, el puesto más elevado en esa materia y el del ex gobernador Mario Villanueva. De ahí para abajo, ha habido cientos de casos de comandantes de la policía judicial, directores de policías estatales y municipales, agentes del ministerio público, etcétera, acusados y encarcelados. Que no exista la prueba jurídica no significa que no sea real la corrupción, pero el problema es que en este sentido, sin verdad legal es mejor no asegurar nada. Sé que los narcos no necesitan corromper a los presidentes ni al procurador general de la República; les son más esenciales y baratos gentes de nivel estratégico, en el terreno de operaciones. Y también estoy convencido de que hay miles de funcionarios y policías honestos. Por esa razón planteo que el Estado mexicano ha sufrido de una esquizofrenia al respecto. En su seno conviven tanto el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Los dos.

2. En estos tiempos en que participan todas las dependencias en el combate al narco y que hay cada vez más grupos eficaces y honestos haciendo su tarea, ¿qué tan eficaz es corromper a unos cuantos, si no se tiene a todos en la nómina? Supongamos que El Chapo tenía comprados a los jefes de zona y navales del Ejército y de la Marina y a los comandantes de la Policía Federal. Pues como no corrompió al escuadrón de élite de la Marina, de nada le sirvió mantener por años a muchos agentes estatales en su nómina. O se tiene a todos o la eficacia de la corrupción decrece significativamente.

Planteado lo anterior, el gobierno debe perseguir con inteligencia y astucia las redes reales, no las fantasiosas, de protección política de El Chapo. Ojalá y hable, pero sobre todo que aporte pruebas.