Doble mirada

¿Adónde llevan a Michoacán?

Si el gobierno federal no se fija una ruta para reconstruir las instituciones estatales de seguridad y justicia, en la cual se considere el sometimiento gradual de las "autodefensas" al marco legal, Michoacán se seguirá deteriorando.

Antier las autodefensas fueron por el alcalde de Apatzingán. Lo acusan de permitir que la policía municipal haya desaparecido a 300 personas. Un grupo de nuevos justicieros fue al palacio municipal a exigir información y también su renuncia. En un principio no se les permitió entrar, pero luego lo hicieron con la custodia de la Policía Federal, la cual también protegió al alcalde para impedir que lo golpearan.

Es grave que autoridades federales toleren la toma de un palacio municipal y la huida del alcalde ante la amenaza de violencia. ¿Qué decir si no solo la toleran, sino que la auspician? ¿En qué están pensando los responsables de restablecer la paz y la legalidad en Michoacán?

Es innegable que los michoacanos tienen un reclamo antiguo, legítimo, justo y urgente de seguridad y justicia. También es cierto que las omisiones de las autoridades de los tres niveles, especialmente de las municipales y estatales, han sido reiteradas y sistemáticas; que incluso no pocas de ellas se pusieron al servicio de La Familia y luego de los Templarios. Uno de los resultados de ese abandono y de esa complicidad con el crimen organizado es la pérdida de la confianza en las instituciones y en los funcionarios públicos. Su legitimidad desapareció como humo; así de fácil. ¿Cómo confiar en ellas después de que los dejaron en la total indefensión?

La confianza y legitimidad se traspasó de manera automática a las autodefensas, lo cual es entendible. Ellas tienen respaldo y legitimidad social, de la que carecen las fuerzas federales y autoridades estatales y municipales. Esa es una de las razones, también entendible, por la cual el gobierno federal las tolera y permite, no obstante su condición de ilegalidad por actuar como cuerpos armados que suplantan a las autoridades legalmente constituidas. Otra razón es la información que tienen ellas y que es vital para la eficaz desarticulación de los Templarios.

Y quizá la razón decisiva de la tolerancia hacia las autodefensas es que es la menos mala de las opciones, aunque no se diga. Disolverlas por la fuerza implicaría, además de un baño de sangre, una ruptura entre sociedad y Estado aún más profunda y, por tanto, más difícil de superar.

Habiendo reconocido todo lo anterior, uno de los objetivos de la actuación del gobierno federal debiera ser recuperar gradualmente la confianza y legitimidad social de las instituciones públicas. Por ejemplo, restituir la credibilidad del Ministerio Público (MP) y de los procesos judiciales. Y para ello habría que abrir, por ejemplo, agencias especiales para recibir e investigar las denuncias sobre la colusión de autoridades con los grupos criminales. De manera que en vez de acompañar a las autodefensas a intentar linchar alcaldes, sería preferible que las llevaran al MP a presentar denuncias y aportar información para investigarlos y enjuiciarlos. Y si existe evidencia de que el alcalde de Apatzingán es presunto responsable de alguna o todas las desapariciones que se le imputan, que sea destituido formalmente del cargo según las leyes michoacanas, y enjuiciado y castigado si resulta culpable.

Por tanto, permitir que las autodefensas, por saberse dueñas de legitimidad social comiencen a hacer justicia por propia mano, que sus solos dichos sustituyan la investigación del Ministerio Público y al proceso judicial, y eso con la tolerancia oficial, es caminar en sentido contrario, es dinamitar a las instituciones de justicia. Es entregar lo que no puede estar en manos privadas ni sujeto a la discreción de ningún líder o grupo social por más bueno que se sienta y sea. 

Si el gobierno federal no se fija una ruta, con calendarios y plazos viables pero claros, para reconstruir las instituciones estatales de seguridad y justicia (legitimidad y confianza incluidas) en la cual se considere el sometimiento gradual de las autodefensas al marco legal, Michoacán se seguirá deteriorando. Se pasará de la dominación familiar y templaria a la de las autodefensas. La siguiente víctima será la democracia. ¿Para qué elegir autoridades en 2015, si las autodefensas definen quién está limpio y quién no para ocupar un cargo de elección popular? Y el Estado y lo público, y el Estado de derecho seguirán ausentes.