Entre pares

¿Todavía es gobernador, de dónde?

Tienen la percepción del ‘Bronco’ como un ranchero norteño que se lanzó a la política y logró ser el primer gobernador independiente.

Reza la leyenda supremacista regiomontana que Monterrey es el ombligo del mundo, por lo cual todo México está siempre al pendiente de Nuevo León. Entidad que en términos económicos, aseguran da de comer al resto del país.

Así, el gobernador nuevoleonés Jaime Rodríguez, en sus nunca bien definidos afanes de proyectarse como candidato independiente en el 2018 a la Presidencia de la República, opera políticamente a nivel nacional embebido de la misma ideología.

En consecuencia buena parte del vacío político y del rechazo –admitidos por él mismo–, que le expresan sus pares en la Conferencia Nacional de Gobernadores, obedecen a ese afán prepotente de autosuficiencia –que gusta exhibir–, como en privado confían algunos ejecutivos estatales. De ahí que no tenga consenso entre amplios segmentos de la clase política, indispensables en una lid nacional (como en la suya estatal lo fueron en su momento los Elizondos, los empresarios y hasta los funcionarios de otros estados como el hoy estigmatizado ex procurador Veytia).

Pero como en el resto del país se desconocen los fueros supremacistas que permean al Bronco (el cual, a su vez, nada sabe y todo ignora de estados como Chiapas, Tlaxcala, Campeche o Guerrero), su cálculo político se trasluce en un optimismo sobrado. Prefigura una supuesta base social falseada. Ilusoria.

En realidad no tiene adeptos en números significativos a nivel nacional y varias encuestas lo reflejan con menos de un punto porcentual en la intención del voto. Apenas en el nivel de reconocimiento del otro independiente que también se quiere lanzar al ruedo: José Álvarez Icaza. O sea, un perfecto desconocido para muchos.

Cree sin embargo El Bronco que la mayor parte del país lo hace en el mole de olla de los posibles candidatos independientes. Un recorrido de trabajo por algunos estados permite a este periodista, en conversaciones al azar, constatar que El Bronco, en realidad cuando no es desconocido de plano, se ignora su paradero: “¿todavía es gobernador… de dónde…?”, dice un taxista hidalguense.

De los que lo recuerdan un poco más, apostillan: “pero no la ha hecho, ¿verdad?”, como asevera un recepcionista de un hotel en Tlaxcala. Es decir, tienen la percepción del Bronco como un ranchero norteño que se lanzó a la política y logró ser el primer gobernador independiente del país, pero hasta ahí llega su expediente el cual lo mantienen cerrado como fallido o malogrado.

Sus negativos entre la población de varios estados de la República se condensan en la percepción renovada en buena parte del país que a Monterrey ya le volvió la inseguridad y la corrupción. En la paradoja de paradojas sus percepciones son lapidarias al respecto: “estaba mejor el otro (Medina) que ahora anda persiguiendo, o ¿a poco no?”, afirma un guía de turistas chiapaneco.

Ajeno a esta realidad El Bronco prosigue absolutamente indiferente no solo a ella, sino incluso a los problemas más apremiantes de Nuevo León.

gcolin@mail.com