Entre pares

A temblar

Ahora el interés privado tiene preeminencia explícita en el país al menos en cuanto a hidrocarburos y electricidad se refiere.

No sólo en el norte de NL se agudizarán los temblores de tierra —inducidos por la técnica fracking en la exploración de gas shale—, conforme se precipite la presunta avalancha extranjera de petroleras y gaseras que según los designios publicitarios del gobierno de la entidad habrán de convertirla en la “capital energética” del país (cualquier cosa que eso signifique), previa apropiación forzosa de cuanto terreno y propiedad privada señalen las transnacionales.

Temblarán asimismo los bolsillos de los nuevoleoneses (y de los mexicanos en general) por tarifas de electricidad tres o cuatro veces mayores merced a la eliminación de subsidios que ya prevé la plutocracia gubernamental con la oprobiosa sumisión del prianismo congresista en la imparable “reforma energética”, cuya reprobable aprobación legislativa está a punto de devolver al país a los tiempos del despojo de la tierra y la encomienda con trabajo en la modalidad de servidumbre.

Ante el catálogo de expolios que se abre frente al país, opuesto al paraíso inversor que vocean sus propagandistas, los actuales voceros locales de la supuestamente bondadosísima venta de garaje de los energéticos del país, deberían moderar sus optimismos declarativos que se les pueden revertir. Dados los actuales cinismos políticos en boga, no parece ser algo que los impresione, pero habida cuenta de las magnitudes del desastre quizá les convendría volverse previsores.

Considérese a la senadora priista Cristina Díaz. Da por hecho con populismo demagógico que las gasolinas reducirán su precio el año próximo sin incrementos mensuales. Temeridades como éstas se propagan a diario, contradiciéndose el mismo equipo neoliberal. Hace un mes confesaba el secretario Videgaray a Accival-Banamex: “No esperamos que baje el precio de la gasolina” y recalculó que los supuestos beneficios de la “reforma” tardarán quinquenios, si no es que décadas…

Eleva el clímax del embate desinformador el gobernador de NL, Rodrigo Medina. Acepta ante croquistas que México se desacelera por “el precio a pagar… para construir nuevas instituciones, para reconfigurar nuestra economía”. En otras palabras el peñanietismo degradó el PIB de México dos años para “transformarlo”.

Mutación de espanto y miseria social que en la reforma energética abre la puerta a esquilmos descomunales donde ya ni siquiera la alguna vez sacrosanta propiedad privada es tal. Y no porque prevalezca el interés público, sino porque a la inversa, ahora el interés privado tiene preeminencia explícita en el país al menos en cuanto a hidrocarburos y electricidad se refiere.

Tiene razón el senador Encinas: “Ojalá no haya petróleo en la selva Lacandona o debajo de las pirámides de Teotihuacán porque seguramente quedarán destruidas”. Y es que la iniciativa de EPN permite que el interés petrolero privado transmutado en público lo sustituya para posibilitar que se despoje de su patrimonio a legítimos propietarios de tierras, bosques y aguas, e incluso a reservas naturales y protegidas, así como a territorios de regulación autónoma como las de ciertos pueblos indígenas.

¿Qué harán comuneros y ejidatarios como los de Anáhuac de cara a la “ocupación temporal” de sus tierras por un término indefinido, una renta no especificada y un porcentaje indeterminado de utilidades que ni siquiera pudo fijarse en la ley al 1 por ciento, de frente al poderío inconmensurable de las transnacionales petroleras que se apoderarán de ellas “superficialmente” con todo el respaldo “legal” del sistema?

“Si están dudosos se pueden acercar” concedía zalamero y meloso a pobladores de Burgos en enero de este año, el tecnócrata medinista Rolando Zubirán, secretario de Desarrollo Económico de NL. “No están solos (…) si están buscando la oportunidad para comercializar y están todavía dudosos si es buen o no negocio (sic) se pueden acercar”. Ahora ni caso tiene. Es “vendes o vendes”.

¿Mantendría Zubirán el mismo paternalismo empalagoso si en un giro de la geología prospectiva aún no revelada, algunas de las vetas de gas shale en Burgos se prolongaran en riqueza kilómetros al sur y pasaran justo por debajo de Guadalupe, Apodaca, Monterrey, San Nicolás, y San Pedro ¿Seguirían Héctor Gutiérrez, Cristina Díaz, Ivonne Álvarez, Javier Treviño, Rodrigo Medina (et al) voceando las glorias de la reforma energética a sus electores invadidos “temporalmente”? Lo dicho, se les puede revertir y… a temblar.

gcolin@mail.com