Entre pares

“La supervición de la refrescancia” (sic)

Lo curioso es que  se transgrede a uno de los preceptos de don Eugenio:  “expresarse correctamente”.

Avanzan los estragos de una proverbial mal planeada educación mexicana y sus deficientes procesos de enseñanza aprendizaje. Ya es generalizada la existencia de legiones de ciudadanos con un raquitismo educativo evidente en todos los niveles de su formación, empezando por destrezas básicas como las de lectura, escritura y de expresión oral.

Más alarmante es que ese deplorable y bajo nivel de habilidades aun en profesionistas, empieza a ser visto como una normalidad social que a pocos escandaliza y a menos mueve a la acción remedial.

Ante visibles fenómenos masivos de pésima ortografía y peor sintaxis en México, se arguye que el español es una lengua viva transformándose en el transcurso del tiempo.

Más allá de esa verdad de Perogrullo algo debe estar fuera de curso, cuando por citar sólo un ejemplo, se exhiben en las calles de Monterrey anuncios espectaculares de una cerveza que ofrece la “refrescancia”. Neologismo ranchero, desde luego inexistente como vocablo en la RAE, inventado por algún genio de publicidad, del emporio cervecero norteño que la promueve.

Lo curioso es que se haga en abierta transgresión a uno de los preceptos de don Eugenio Garza Sada, fundador de la Cervecería: “expresarse correctamente”. Publicitar el decálogo garzasadiano todos los años en numerosos diarios con gran pompa y circunstancia, al parecer ni para recordarlo a ellos mismos les sirve. Por lo demás, sobra decir que el anuncio viola normas establecidas sobre la correcta utilización del idioma en mensajes publicitarios.

Quizá por eso en Monterrey circulan sin asombrar, vehículos de una gran empresa aseguradora con la leyenda: “Unidad de supervición” (sic), que en nada desmerece al anuncio de la cenaduría que se complace en ofrecer tacos de “cebrada” (sic).

En numerosos diarios —aun en los de alto prestigio—ya es muy común encontrar, sin que haya editores que los corrijan, reporteros que escriben entre otras barbaridades: “a parte” cuando quieren escribir “aparte”; o que confundan “a ver” con “haber”, o que piensen que “desvelar” o pasar parte de la noche en vela, sea lo mismo que “develar” (sinónimo de revelar algo). Ya no es un problema asociado a cierta clase social; trasciende a todos los sectores de la población y palidece también frente a la deplorable capacidad de expresión que se exhibe.

En el sector político —reflejo del privado y de la sociedad toda— hablar de manera adecuada, sin convertir lo que se dice en un enunciado ininteligible es ya un problema cotidiano para muchos.

Bernardo Bichara, que recién renunció al puesto que ocupaba como secretario municipal sampetrino, contó a los medios cómo había adquirido esa responsabilidad. Fue “a propuesta de invitación”, dijo, al parecer desconocedor que es posible una u otra cosa (haber llegado a la secretaría por una propuesta y también por una invitación), pero no por ambas como “jugo de manzana”.

El secretario estatal de Economía, Rolando Zubirán, no se queda atrás y reproduce una expresión lamentablemente común: “empezar a dimensionar la posibilidad”, lo cual en buen cristiano significa que en su ramo van a ver de qué tamaño o dimensiones es la posibilidad de algo. Pero prefieren engolar la voz y decir que están “dimensionando” la posibilidad, aunque acuñen un barbarismo gramatical puesto que el verbo “dimensionar” no existe en español. Quizá por ello funcionarios como él, empapan de anglicismos sus expresiones y dicen al público —quizá para dar la impresión de lo ocupados que están— que se reunieron con empresarios gringos del sector “oil and gas”… (o´laalaá).

En un nivel el problema de la distorsión gramatical y sintáctica de una lengua, trasciende con mucho su condición de vehículo vivo de comunicación social, y manifiesta más bien síntomas degenerativos de la comunidad que de manera tan lamentable así se expresa de sí misma.

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