Entre pares

No, pero siempre sí

Galimatías es lo que mejor describe el desestructurado discurso que ha exhibido el gobernador independiente de Nuevo León en sus primeros cien días al frente de la entidad. Ya nadie entiende lo que un día afirma para luego negarlo al siguiente.

No se pueden tomar en serio y como definitivas las políticas que anuncia Jaime Rodríguez pues visto está que pueden cambiar de la noche a la mañana. Y que puede recurrir a cualquier artilugio verbal para justificarse, haciendo de cuenta que no dijo lo que otro día sí prometió.

El político que quiere hacerse pasar como no político hace ver que no es tan distinto a los demás actores de su clase, ya que la inconsistencia entre su hablar y hacer es uno de sus principales problemas de comunicación, como se puede observar en una sucesión de temas polémicos en los que ha dado marcha atrás a promesas políticas o afirmaciones contundentes hechas previamente.

La más reciente de sus contradicciones flagrantes es la relativa al socialmente repudiado y onerosísimo plan hidráulico conocido como Monterrey VI, el cual en su momento afirmó que se cancelaría "total y definitivamente".

Ahora, en un giro de 180 grados, admite que se traerá agua "de fuera" a como dé lugar; y —en un alarde de su capacidad para ofender la inteligencia del pueblo que votó por él— afirma que cambiará a Monterrey VI "el polémico nombre", como si el meollo de las objeciones ciudadanas se debiera tan sólo a un nombre.

Exhibiendo habilidad para hacer de tres más tres igual a siete, Jaime Rodríguez confirmó que Monterrey VI supuestamente ya es otra cosa para él, y que el asunto de la obra que iba a cancelar ahora es semántico: "Cuando yo hablo de Monterrey VI, es la siguiente etapa de traer agua a Monterrey; pero si eso conflictúa (sic) yo creo que hay que pensar en que el nombre sea, el que sea".

Maña y cinismo retorcido en opinión de muchos. El objetivo es que la faramalla de cancelación del proyecto hidráulico Monterrey VI de la que El Bronco hizo gala durante su campaña, se reduzca meses después, a cambiar una denominación y a algo que él no entendía como todo mundo lo entendió: no al megaproyecto hidráulico del peñismo, aliado con el medinismo, para traer agua del Pánuco causando enormes desequilibrios ecológicos y financieros.

Una denominación que hoy con falsa obsequiosidad ofrece "cambiar si conflictúa". ¡Muchísimas gracias! exclamarán los ecologistas y todos los opositores al proyecto. Magnánimo Bronco has dado solución a nuestras protestas: cambiar de nombre a Monterrey VI. Era todo lo que pedíamos, gran hombre, habrán de decir.

El gobernador de esta forma se recontradice a sí mismo, pues entonces —si todavía son de creerse sus palabras— estaban equivocados los que pensaron que se refería a Monterrey VI como la obra hidráulica planeada en el medinismo y no a algo distinto que significaba la obra para él en sus adentros.

De todas maneras, fuese concebido Monterrey VI como la obra hidráulica que se conoce, o lo que —haciendo pasar a sus electores por ingenuos y mensos— haya significado para El Bronco, ambas habían sido objeto de una cancelación anunciada, hoy revirada.

Por lo demás, no necesariamente la esencia del problema —como ha quedado demostrado por reconocidos expertos— sea traer agua a Monterrey de donde sea con el nombre que sea, como lo anuncia el leit motiv del Gobierno.

De entre las opciones alternativas hay una reconocida por él mismo que consiste en rehabilitar la red de distribución a un costo de una tercera parte de lo que costaría Monterrey VI (la obra hidráulica que así fue licitada, o lo que sea que el gobernador mañana tenga en mente al amanecer cuando pronuncie este nombre).


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