Entre pares

¿Para qué quiere crudo el crimen organizado?

En el derrame del río San Juan no se ha dicho toda la verdad o ésta rebasa lo imaginable.

Numerosas interrogantes deja a la sociedad civil regiomontana y al país, el reciente y cuantioso derrame de crudo en el río San Juan, afluente de la presa El Cuchillo, uno de los reservorios más importantes de agua potable en el área metropolitana de Monterrey.

De entrada brilla la nulidad en la materia de la autoridad estatal que junto con las intervenciones federales ha dejado más dudas que respuestas. El gobernador Rodrigo Medina, quien gusta de hacerse llamar Mister Texas porque se idealiza a sí mismo como el zar energético de la frontera norte, tomó más de ocho días en pronunciarse sobre el desastre ecológico, solamente para negarlo, no obstante que las noticias del desastre ya plagaban las pantallas televisivas y las páginas de los diarios mostrando sus terribles efectos.

El titular de la irónicamente denominada Secretaría de Desarrollo Sustentable, Fernando Gutiérrez, sólo se lavó las manos. Es competencia federal, dijo escueto el funcionario que para todo tiene a la mano una respuesta mediática; y si no cuenta con ella, la inventa (recuérdese su explicación técnica de que los asientos de la Ecovía se desarmaban porque no estaban hechos para norteños robustos).

Medina evidenció en sí mismo y en su Gobierno un talón de Aquiles que ninguna reforma energética o ley secundaria logrará: hacer eficaz y competitivo al mandatario y sus secretarios.

Más aún, la pifia prueba que la legislación federal recién aprobada nunca fue leída por los legisladores peñanietistas locales (Cristina Díaz, Ivonne Álvarez, Javier Treviño, Héctor Gutiérrez et al.), ahora en silencioso mutis después de que celebraban estruendosos la alta traición a la patria conocida como el “atraco energético del siglo”, pues de lo contrario habría sido de sentido común oponerse a ella como representantes populares que se dicen ser.

Como se sabe, la legislación secundaria energética al prever deficientes agentes reguladores de novísima creación y por consiguiente sin salvaguardas ecológicas vigorosas, incrementa los riesgos de desastres ambientales con pocas o nulas medidas de prevención y bajísimas penalidades (véase el caso de la Minera México multada con una irrisoria cantidad por envenenar el río Sonora); y en determinadas circunstancias inhibe de plano al Gobierno mexicano de sancionar a las petroleras (como en el Tratado transfronterizo de yacimientos marinos compartidos con EU) en el que, según los internacionalistas, México abdicó gruesas porciones de su derecho soberano (con la anuencia explícita o implícita de los legisladores citados).

Hay más cuestiones que el desastre revela y que la legislación energética al vapor no resuelve o es omisa: ¿sobre quién va a recaer la seguridad de las instalaciones petroleras extranjeras que vendrán? ¿Será el Ejército o la Marina? ¿Fuerza Civil? O ¿se dará luz verde a guardias armados con la problemática que implica? La inquietud no es menor.

En el derrame del río San Juan no se ha dicho toda la verdad o ésta rebasa lo imaginable. Oficialmente hablan de una toma clandestina del crimen organizado que se salió de control. Pero voceros de la sociedad civil han hecho ver la incongruencia de la trama: ¿para qué querría el crimen ordeñar un hidrocarburo no refinado y por tanto casi sin mercado inmediato a menos que en volúmenes inmensos se comercializara de contrabando desde Monterrey al extranjero?

Y si por el contrario, como parece ser más razonable suponer, fue un derrame largamente anunciado, cual lo denuncian los lugareños, ¿qué autoridades estatales o federales resultan responsables por su negligencia en verificar reportes de hace meses?

Es hora que dentro de su ámbito los legisladores de NL, las delegaciones federales competentes, y el gobernador y sus secretarios de Energía y Desarrollo Sustentable, así como los miembros del elefante blanco recién habilitado (Consejo Ciudadano del rubro), muestren en la práctica —más allá de la demagogia—, cómo sería ese Monterrey que tanto vocean como la capital energética de México.

gcolin@mail.com