Entre pares

Una pequeña luz en el horizonte del entreguismo

Habrá que esperar para que de los acuerdos alcanzados se decanten políticas de inspiración regional.

En los estratos profundos de la desmemoria colectiva, estragada por el actual colonialismo informativo que sólo se hace eco de las reformas neoliberales y el patrón conductista de desprecio a toda impronta liberadora que busque desterrar injusticias, esclavitudes económicas y pobrezas —así sea solamente a nivel declarativo—, apenas si se recuerdan los esfuerzos latinoamericanos de muchas naciones que mantienen vivos ideales de independencia, hace mucho abandonados para el cajón de cartón de la historia, como en el caso de México lo constituyó la Revolución Mexicana, la expropiación petrolera, la nacionalización eléctrica, el abrigo cardenista a los refugiados de la Guerra Civil Española, el liderazgo moral y político de México en la OEA enarbolando la Doctrina Estrada, al igual que en el Grupo Contadora, de inspiración mexicana que puso fin a la guerra civil centroamericana; y la acogida a los exilios provenientes de las dictaduras militares del Cono Sur que azolaron la región en el siglo pasado durante las décadas de los sesenta a los ochenta, etcétera. Gestas que yacen en el panteón de la historia, sin mayor relevancia para las nuevas generaciones empatronadas en el consumismo y el ralo acervo educativo.

Por eso prende una luz de optimismo la segunda reunión cimera que con la presencia de los secretarios generales de la OEA y la ONU, celebran en La Habana 31 mandatarios, reunidos en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que por razones geográficas excluye a EU y Canadá, lo que permite a sus miembros deliberar sin las injerencias hegemónicas de estas potencias que por lo común suelen asfixiar los esfuerzos de otros cónclaves por ellas mediatizados. La nutrida asistencia al foro regional da cuenta por sí misma de la importancia que ha adquirido en ese sentido.

Más allá de la solidez que se conceda a las declaraciones vertidas en este foro al presidente de México, Enrique Peña Nieto, pendientes de pasar la prueba del ácido de la realidad (verbigracia su afirmación “que el crecimiento económico que estamos logrando no signifique una mayor concentración de riqueza en unas cuantas manos”, cuando en el país ocurre justamente todo lo contrario merced a políticas públicas privatizadoras y de maximización del ingreso en las clases más altas), no debe desdeñarse el impacto de equilibrio político entre el Norte y el Sur que tiene la activa participación de México en el concierto de las naciones hoy reunidas en La Habana.

No son gestos fortuitos, ni el otorgamiento de la condecoración Orden del Águila Azteca (una de las de más alto rango en México que se otorga a dignatarios extranjeros) al presidente José Mújica, un hombre emblemático de izquierda rigurosa, si los hay, que ha conducido a Uruguay a convertirse en el país más equitativo de América Latina; ni la entrevista de Peña Nieto con Fidel Castro, que entre declaraciones y otros símbolos se dan en el contexto de un relanzamiento de las relaciones bilaterales México-Cuba luego de doce años de gelidez, apoyadas en buena medida por un diplomático de la vieja escuela, Juan José Bremer, formado en los principios y tradiciones de la antigua política exterior que tantos lauros consiguió para México y que luego fuera pauperizada por los últimos gobiernos panistas, caracterizados por su radical grosería para tratar a sus homólogos (“comes y te vas”), y su entreguismo sin par (la cuasi expulsión de Castro en Monterrey para evitar que se cruzara con el presidente estadunidense Bush), así como las intervenciones injerencistas del calderonismo en temas de política interior cubana.

Obras son amores dice el refrán y habrá que esperar un tiempo de maduración para que de los acuerdos alcanzados se decanten políticas de inspiración regional que equilibren los rezagos y los atrasos endémicos que la zona sufre (164 millones de personas en condiciones de pobreza, 66 millones en indigencia, 23.3 millones de niños en pobreza extrema).

No será fácil, desde luego. De la dificultad para armonizar las “ópticas políticas distintas” (Peña Nieto dixit) habla de manera elocuente la prolongación por más de cinco horas de la única sesión a puertas cerradas de la Cumbre, para alcanzar consensos sobre la declaración final del encuentro.

Y es que por citar un ejemplo, compárese la distancia abismal de cómo en el peñanietismo se contempla en México la explotación de los recursos naturales y el enfoque cubano: “…ejercer plenamente la soberanía sobre nuestros recursos naturales y plantearnos políticas adecuadas en las relaciones con la inversión extranjera y con las empresas transnacionales”.

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