Entre pares

Otro hombre verde

Dos semanas  después, no puede decirse que las autoridades nicolaítas no hayan consentido a ciencia y paciencia el agravio.

San Nicolás es, con San Pedro, uno de los principales municipios conurbados del área metropolitana de Monterrey y no puede decirse que su población mayoritariamente se caracteriza por retrógrada o iletrada. Si bien es evidente que como parte de la metrópoli industrial norteña comparte con Monterrey cierto desdén por las artes, las humanidades y la cultura en general (tres cuartas partes de su población no lee jamás un libro), acentuado a lo largo de una extensa cadena de trienos en los que ha sido gobernado San Nicolás, eso sí, por la característica incultura panista que a menudo ofrece muestras excepcionales de cuánto más allá se pueden recorrer los márgenes de la estulticia (política y en general).

En descargo de estas administraciones municipales panistas cabe decir que la triste exclusiva no es sólo del partido del que provienen (PAN), aunque se esmeran en mantener los primeros lugares. La desafortunadísima tónica no difiere demasiado en el resto de México y aun en el Distrito Federal, capital del país, a la cual ahora San Nicolás se hermana en la destrucción del patrimonio cultural propio, por fallidas restauraciones pretendidas que sólo causan daños irreversibles.

Ese ha sido el caso reciente sufrido en la Ciudad de México por la hermosísima y legendaria escultura de El Caballito; y en el municipio norteño por una efigie de bronce del insigne Benemérito de las Américas, Benito Juárez, cuyo autor, el escultor Cuauhtémoc Zamudio, apropiadamente califica estos actos inauditos como “vandalismo municipal”, ya que otras esculturas de este artista han sufrido suertes semejantes en el área metropolitana de Monterrey.

En San Nicolás, encargada que fue la obra de restauración probablemente a un albañil de tercera (con respeto a los peones de la construcción), el remozamiento de la estatua de Benito Juárez en ocasión del 150 aniversario de su visita a Monterrey, a manos de ignaros supremos, no pudo haber sido más destructiva que la labor de unos vándalos a los que se les hubiera ocurrido pintarrajearla.

Porque eso es exactamente lo que hizo la administración municipal de San Nicolás que encabeza el alcalde Pedro Salgado Almaguer, un abogado cuya alma máter y lugar donde ejerce la docencia en Derecho (la UANL) debe estar sonrojada por las pocas dotes de sentido común de su académico, por no hablar de sus dotes intelectuales.

Ajenos al mayestático simbolismo histórico del insigne oaxaqueño e ignorantes por completo que una estatua de bronce jamás se pinta como si se tratara de un Santa Claus de feria y menos con pintura vinílica para interiores, los restauradores nicolaítas, según da cuenta MILENIO en la excelente nota de Gustavo Mendoza, se dieron gusto cromatizando en ella de verde la piel de Juárez —probablemente para simular la pátina que han visto en otras esculturas—, de blanco sus uñas —detalle éste que ha de haber sido sugerido por alguna fémina o pareja del albañil en cuestión—, y la banda presidencial en patrios colores tricolores. Como detalles inolvidables, no podían faltar el dorado en los botones del chaquetín y en discreto color gris las cejas encanecidas.

El adefesio en que así quedó convertido Juárez descansa en la plaza del mismo nombre del defensor de la República, en el centro de San Nicolás, sobre un bonito pedestal de concreto. Como cereza al pastel para recordar a todos los transeúntes su origen, se pintó la base del mismo con los colores charros que representan a la panista administración nicolaíta en curso: naranja y azul. Dos semanas después de ocurrido, no puede decirse que las autoridades nicolaítas no hayan consentido a ciencia y paciencia el agravio y el atentado a la figura del estadista de las Leyes de Reforma.

Anteriormente en el habla coloquial regiomontana tan deficitaria en cultura nacional, se registraban entre otras de igual rusticidad, dos ubicaciones célebres: “Allá donde está la mona del arco” para señalar la ubicación del Arco de la Independencia coronado por una alegoría de la libertad; y “el hombre verde” para indicar la estatua en bronce patinado del prócer Francisco I. Madero sobre la avenida del mismo nombre. En adelante, quizá habrá que añadir este otro “hombre verde” de San Nicolás.

gcolin@mail.com