Entre pares

Un gobierno contaminado

'El Bronco' se ha debilitado a sí mismo. Sus desplantes recurrentes lo han hecho vulnerable. Sus ocurrencias de un día lo han estereotipado

¡Lo que faltaba! Además de los cárteles canallescos conocidos, al parecer surge ahora una “Pyme del crimen”, nutrida de ministeriales apoyados o al menos consentidos desde muy altas esferas del gobierno de Nuevo León.

La reveladora y bochornosa aprehensión de una agente ministerial, que con protegida desfachatez ejecutaba funciones oficiales a la par que perpetraba “levantones” y “secuestros exprés” junto con otros presuntos implicados que la apoyaban, pone al descubierto público (y ante su jefe el procurador, quien no tuvo más remedio que tapar el sol con un dedo) esa gravísima imputación.

Ostentando un vergonzante escudo “oficial” presuntamente se anida un cártel en el gobierno de Jaime Rodríguez. La colusión y la connivencia con el crimen organizado ya tiñen peligrosamente niveles neurálgicos de su gobierno en las que deberían ser sin lugar a dudas instancias supervisadas en el más eficaz combate a la violencia, y no, todo lo contrario. Pero el gobernador de Nuevo León guarda sigilo (luego de desaparecer sus anuncios pre electorales de 7 millones de pesos) en lugar de exigir la renuncia de su procurador y de cuanto otro funcionario tuviera responsabilidad en el gazapo ministerial, incluidas las ligas con sus escoltas. El nivel de relaciones que guardan los detenidos con personajes en áreas grises del entorno de seguridad más próximo al gobernador permite que se haya generado la presunción pública de que hasta a los más altos niveles de la gubernatura llegan las complicidades peligrosas. Sea por omisión o con pleno conocimiento de actos delictivos, medran al amparo de una sombrilla de impunidad. Por eso se habla del cártel “oficial” de la “Guber” liderado “por su jefe de escoltas Carlos Guevara”, según se afirma en internet.

Aparte de pisar un camino minado, esto pondría al Bronco en una ruta de colisión con los cambiantes entramados electorales que se avecinan en el 2018. En la coyuntura, más que servir como moneda de cambio (una candidatura “independiente” a cambio de distraer votos a favor de AMLO), su figura bien podría usarse de chivo expiatorio. Se dice que habría más de una agencia contra el crimen organizado, nacional o extranjera, interesada en una cómoda consignación penal contra un alicaído gobernador cuya captura podría hacerse crecer en las redes como trofeo de una supuesta cruzada anticorrupción. El Bronco se ha debilitado a sí mismo. Sus desplantes recurrentes lo han hecho vulnerable. Sus ocurrencias de un día lo han estereotipado. Sus promesas infructuosas le han restado credibilidad. Sus mejores cartas en el Gabinete lo han desertado. Ha polarizado su relación con el Congreso. Dinamitó todos y cada uno de los asideros que lo llevaron a la primera gubernatura del estado. Y no los ha remplazado con paracaídas de calibre semejante. Ya solo depende de la legitimidad formal que le da un nombramiento que cada día que pasa se desgasta más.

En contraste, sacada a última hora de la chistera de la improvisación, se perfila la que pudiera ser la única obrita apenas relevante de su gobierno: un embarcadero remozado en la presa de La Boca, proyecto plagado de conflictos de interés y lanzado al aire sin planeación ni miramientos por el veto contingente de la Conagua o por el impacto urbano y vehicular en la zona, de por sí ya congestionada. Por el contrario sus expedientes –que los tiene y se siguen abultando– se podrían enderezar en contra suya. A su turno, cuando el sistema lo considere desechable, con pifias tan evidentes y defensas tan endebles, no faltarán entonces operadores que ejecuten una o varias formas de tumbarlo de la silla.

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