Entre pares

El funambulesco protocolo de Mauricio

Mauricio Fernández, conocido más por sus escandalosas tergiversaciones declarativas que por su papel como alcalde del municipio de San Pedro, ha incurrido en nuevo ex abrupto que menoscaba el magisterio de la ley y en particular de las garantías individuales. 

Luego de su absurda y reiterada propuesta para inventariar a las empleadas domésticas y vendedores ambulantes que laboran en ese municipio para supuestamente así reducir los índices de robo doméstico, ha regalado al respetable público otra muestra del talante zafio con el que suele encarar las crisis de seguridad en el territorio a su cargo.

Respecto de un intrincado episodio donde ya las pruebas periciales aportadas pretenden demostrar, según sus presentadores, que policías de San Pedro tiraron a matar al joven Javier Cárdenas, hijo de un diputado federal de Tamaulipas, el munícipe ha declarado que el muchacho debería “mandar una carta de agradecimiento, que no le tiraron a matar. Por protocolo –inventó Mauricio Fernández– cuando tratas de atropellar a un policía, tiene facultades para dispararle al cuerpo. Al tratar de arrollarlos, por protocolo, los policías podían haber disparado y ahorita estaría en la tumba y no presentando estas denuncias”.

Pues no sólo “podían haber disparado”, lo hicieron. Y no fue a las llantas del vehículo como argumentan los mandos policiacos de San Pedro, sino a la altura del pecho y la cara del conductor

Mauricio se aferra así a una hebra de presunta exculpabilidad de sus policías para no caer al vacío con ellos. Pero aún con la teoría esgrimida de un presunto intento de atropellamiento (negada todo el tiempo por la presunta víctima) no existe evidencia sólida de carácter legal de un “protocolo” como el blandido por Mauricio, que empodere a policías a hacer uso de fuerza letal de manera indiscriminada.

El incidente que pudo tener fatales consecuencias se dio en las instalaciones de un conocido supermercado e involucró a unos extraños agentes vestidos de civil (de los que no se tenía noticia de ellos hasta ahora) y a policías uniformados. En ausencia de información fidedigna cobran sentido los rumores que hablan de los primeros como parte de un cuerpo encubierto de agentes sampetrinos, los cuales portan armas y que enfrentan directamente tanto a delincuentes como a sicarios. El mismo gobernador de NL, Jaime Rodríguez, otro aficionado a inventar la ley al acomodo de la circunstancia, dijo a los ciudadanos que ante una situación similar lo recomendable era “mantener la calma y no huir, ya que quien nada debe nada teme”. Ha de pensar el tragicómico “independiente” que por “protocolo” las balas también tomarán cursos diversos.  

Si la versión se corrobora podría estar la sociedad ante un cuerpo parapolicial no identificado y armado. ¿Qué mayor vulnerabilidad puede representar para un ciudadano dicho cuerpo indistinguible a simple vista?

Justamente esta condición habría sido la que en primer término motivó al joven Cárdenas a pretender –en su versión– alejarse de unos hombres armados que se aproximaban a él disparando. ¿Cómo saber de quiénes se trataba? Podían ser sicarios, secuestradores o la variedad delictiva que se antoje. El caso es que si en San Pedro opera dicho cuerpo nadie está seguro de topar con ellos. Motivos de sospecha para que accionen sus armas sobran, como se ha visto a últimas fechas. Curiosamente sobre ellos ni la prensa, ni las autoridades respectivas se han ocupado demasiado. ¿Quiénes son y bajo qué cobertura legal operan?

“Fue un sujeto vestido de civil con una pistola en mano el que empezó a hacer gritos y a accionar su arma. No se identificó como nada, no enseñó ninguna placa policiaca de ningún tipo y, así como lo escuchas, comenzó a accionar su arma a mi persona y a mi vehículo”. Si es fidedigna su versión, a cualquiera puede sucederle.

Mauricio Fernández que tanto alarde fatuo hace de supuestos “protocolos” policiacos debería informar a lo sociedad sobre las características de este extraño nuevo cuerpo parapolicial, de manera que la gente quede advertida de los enormes riesgos que corre en San Pedro de toparse con ellos. m

gcolin@mail.com