Entre pares

El engendro reformista ataca a Cárdenas

No saben qué hacer ahora con todas las plazas, calles, avenidas, monumentos, escuelas, universidades, auditorios, nombradas en honor del prócer del que no tardarán en borrar del calendario cívico pues ya nada hay que conmemorar el 18 de marzo.

Consumado el descomunal atraco a la nación recién perpetrado por un Congreso prianista, mayoritariamente sumiso en el huracán reformista del entreguismo peñanietista, comparable en magnitud a la pérdida santanista del territorio nacional, y más atrás, a la expoliación indígena y de recursos naturales de la época de la Colonia, ahora sobreviene la triste pelea por quienes —en la miopía neoliberal— buscan como si fuera un mérito que los enalteciera, adjudicarse la paternidad de lo que le pasó a México en unos cuantos meses. Un completo y radical cambio privatizador de reglas del juego, por así decirlo, que no respetó ni las playas públicas para solaz de todos los mexicanos (en una reforma inadvertida que ahora permite la propiedad privada a la orilla del mar hasta por extranjeros). Playas legendarias de todo México ya no serán disfrutadas por generaciones futuras de mexicanos, sino sólo por sus dueños.

Convertido el Congreso de la Unión en oprobiosa ventanilla de trámites del Ejecutivo (donde ni uno solo de los artículos reservados para discutirse en lo particular fue concedido a la oposición), y éste a su vez transmutado en la práctica en oficialía de partes de Washington (sin teoría de la conspiración de por medio. Ver Proceso 10/08/2014), se dio libre curso a una legislación planeada y diseñada desde los poderosos intereses geopolíticos representados en el Comité de Relaciones Exteriores de EU para construir un caballo de Troya que permitiera, con la complicidad peñanietista la apertura completa, total y jamás imaginada de los hidrocarburos mexicanos.

Concluida la histórica debacle del nacionalismo —al menos formalmente— la ultraderecha cavernaria —la que todavía se regodea con anticomunismos trasnochados—, sabe que en cualquier momento la anestesia cívica de los ciudadanos, que hasta ahora ha presidido la inmovilización colectiva que se observa, puede ceder y dar paso al reclamo que impida que se arrebate a la gente lo que por décadas forjó identidad y orgullo nacional: el petróleo nacional, cuya renta billonaria ahora nomás por falaz imperativo “competitivo” se obliga a Pemex a compartir.

Por eso se ha lanzado una vana campaña para borrar del calendario cívico el 18 de marzo y desprestigiar una de las figuras más emblemáticas del proceso expropiador que tanto le dio a México por décadas: la propiedad absoluta del subsuelo para la nación y el orgullo nacional. El ataque a Lázaro Cárdenas ha sido frontal, bizarro y como recordó Jorge Alcocer, emitido por panistas y jilgueros adherentes, quienes según el extinto ideólogo panista Castillo Peraza: “Aprendieron a escupir antes que a hablar”. Peor aún: buscan la “eliminación” del enemigo.

Llamándose a sí mismos “útiles sociales” en su infructuoso afán de justificar su alianza fatal con el PRI (“nuestro presidente Peña Nieto” le dicen), desempolvan improperios contra la figura del prohombre de Jiquilpan como los proferidos por el presunto yunquista guanajuatense, y ex presidente del PAN, Germán Martínez Cásares. En su diatriba anticardenista, irrepetible aquí por salud mental (pero consultable en toda la red como trending topic), el golpista (al menos verbal) de Martínez Cásares finaliza: “Hay conceptos políticos repugnantes y difuntos que apestan”.

De ese tamaño es la fobia anticardenista porque les escuece saber que haya una enorme mayoría de mexicanos que llevan labrado en su corazón la otra cara de lo que ellos son, es decir el verdadero fervor patrio y la defensa de lo propio, entretejido entre otras imágenes con escenas del cardenismo, identidad demostrada en incontables ocasiones a lo largo de toda la historia. No saben qué hacer ahora con todas las plazas, calles, avenidas, monumentos, escuelas, universidades, auditorios, nombradas en honor del prócer del que no tardarán en borrar del calendario cívico pues ya nada hay que conmemorar el 18 de marzo.

Esta “valoración analfabeta” (Paco Ignacio Taibo II dixit) del cardenismo pasa por alto las enormes contribuciones y gestas del periodo cardenista como fundar el Instituto Politécnico Nacional (sin el cual el Tec de Monterrey no se puede entender históricamente), las Normales Rurales que buscaban arraigar a los campesinos en sus comunidades, y desde luego la acogida generosa a buena parte de la niñez del exilio español por no hablar del reparto agrario entre muchas otras.

Tildar ahora a Cárdenas de mito, leyenda o difunto que apesta, es desconocer en absoluto décadas de historia patria.

gcolin@mail.com