Entre pares

Trump otra vez

El presidente de Estados Unidos en un santiamén echa por la borda cuanta débil esperanza haya abrigado cualquier negociador oficial de México.

Muchos creían hasta ayer que la calma y los parámetros diplomáticos usuales para evaluar la relación entre México y Estados Unidos habían regresado después del tormentoso principio de año y su posterior apaciguamiento aparente. Pero unas palabras del presidente norteamericano con su estilo provocador y amenazante, volvieron a sacudir la realidad que nuestro país enfrenta: “Vamos a hacer unos cambios muy grandes al TLC o vamos a deshacernos de él de una vez por todas”.

Trump en un santiamén echa por la borda cuanta débil esperanza haya abrigado cualquier negociador oficial de México y hasta desbarata la arrogancia del secretario mexicano de Economía que en un desplante que más tarde lo puede derribar, afirmó que abandonaría la mesa de negociaciones, en el momento mismo que escuchara hablar de “aranceles”. Después de lo dicho por Trump antier en Wisconsin, probablemente sea lo primero que Ildefonso Guajardo vaya a escuchar.

Una vez más se evidencia el nulo significado que para Trump tiene el acto de negociar. Según su discurso mitómano: o se hacen grandes cambios o se acaba el juego. Mera fachada de un autoritarismo imperial; el mismo que quiere hacer pagar a México su planeado muro fronterizo, claramente un acto de hostilidad.

Lo sorprendente es que más allá de la protesta callejera, en uno de los países con mayor educación universitaria en el mundo, no se haya construido todavía una contestación a las nociones vudunómicas que maneja Trump como si fueran verdades irrecusables (“México nos ha robado empleos y prosperidad, ha abusado de EU, el déficit con México es insostenible… El TLC es un desastre y muy malo para Norteamérica, etcétera, etcétera). Lo risible es la orfandad ideológica en la que han quedado las contrapartes mexicanas. Adoraron el vellocino de oro del neoliberalismo reganiano y condenaron al país a décadas de estancamiento económico. Uno de ellos, el presidente EPN, con metafísica lo ha tenido que negar: “no hay crisis, todo está en la mente”.

Ahora de nuevo en unas cuantas palabras el presidente norteamericano recordó todo lo anterior y más. Su pensamiento no se ha movido un ápice pero sí movió al peso mexicano que fluctuaba desde hacía algunas semanas en la banda de los 17.20 a la de los 18.15 pesos por dólar. Una variación de casi un peso. Sin embargo, la atonía oficial fue la nota de respuesta. Como si en el gobierno del presidente Peña siguieran viendo un panorama de miel sobre hojuelas. O bien que dóciles y obsecuentes como se han manifestado, se aprestaran a declarar con la complacencia y parsimonia de la que han hecho lamentable gala.

Prueba de lo anterior es que pese al potencial terremoto económico que se avecina, antes que los mexicanos sean los japoneses los que hayan declarado que desean revivir el TPP “bis” –sin EU–, claramente una de las mejores apuestas que México tiene a la vista para diversificar mercados después de la fatídica experiencia de hacernos monodependientes. Una dependencia tan peligrosa que México hoy en día depende en un altísimo grado del gas natural que importa de EU y cuenta únicamente con tres días del abasto de gasolina de ese país. Aún así, en un acto de irresponsabilidad el gobierno mexicano sigue postergando de manera indefinida la construcción de nuevas refinerías, aludiendo con falso criterio fenicio que refinar gasolina no es negocio.

A tono con la displicencia oficial, la prensa mexicana prestó atención dispareja al pronunciamiento de Trump. Mientras unos pocos diarios lo destacaron como lo ameritaba a ocho columnas, en El Norte regiomontano y El Universal capitalino la noticia desapareció de la primera plana y en éste último de la edición entera. De acuerdo a los cánones periodísticos no había noticia más merecedora de la primera plana que la amenaza revivida de Trump, lo que hace dudar si hubo alguna indicación gubernamental de bajar el tono a la noticia aquí en el país.

Aunque una mayoría social ya ha cobrado conciencia del peligro a la seguridad y estabilidad nacionales que representa Trump, prevalece en ciertos sectores un ánimo de conjurar la amenaza por precarios análisis que invocan al pensamiento mágico (“¿ves?, te lo dije, tarde o temprano lo iban a controlar”). Nada de eso ha sucedido y el factor Trump sigue siendo tan virulenta amenaza como siempre ante un gobierno mexicano que se observa más entrometido en ganar de manera descaradamente corporativa las cruciales elecciones del Estado de México que en representar los verdaderos intereses de la nación.

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