Entre pares

El desplegado que la UANL silenció aquí

En momentos de polarización social como los actuales, donde movimientos tripulados a trasmano por la ultraderecha religiosa, provocan actitudes de encono y odio hacia la diversidad sexual, es del todo encomiable que la semana pasada, la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) se haya alineado participativamente con otras tres: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Guadalajara (UdeG) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) para suscribir un desplegado, firmado por sus respectivos rectores, en donde como representantes de instituciones de educación superior, caracterizadas por los valores de la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas (establecidos constitucionalmente en su Artículo Tercero), se manifiestan “a favor de la vigencia y fortalecimiento del Estado laico en la definición y dinámica de los marcos sociales de convivencia”.

La importancia del inédito pronunciamiento público universitario: Sobre el Estado Laico y los Derechos Humanos se observa como una abierta toma de posición frente a la efervescencia de fundamentalismos sociales que se han hecho presentes recientemente en el país, y se acrecienta en el contexto de las pasadas marchas multitudinarias que han protagonizado en la Ciudad de México y en diferentes estado de la República, sectores conservadores a los que en nada afectan sus derechos ciudadanos, el que para otros se legislen y regulen matrimonios y permitan adopciones, al margen de la preferencia sexual de quienes los constituyen.

Por eso, extraña sobremanera que al parecer aquí la UANL no haya publicado su importante mensaje a la par en la prensa local, el mismo día que apareció en la prensa nacional y en la revista Proceso, casi como si la UANL o su rector Rogelio Garza Rivera hubieran querido que pasara desapercibida en la Sultana su postura nacional, habiendo sido Monterrey una de las sedes de las manifestaciones pro familia tradicional y enclave de los bastiones (Opus Dei, Legionarios, etcétera), desde donde se está manipulando y mintiendo a la opinión pública sobre el alcance de las legislaciones propuestas (consúltese al efecto al presbítero Valdemar, vocero de todos ellos y de la Arquidiócesis de México, alertando sobre la posibilidad –indigna de concederle crédito alguno– que de seguir así –regular uniones igualitarias independientes al género– en el futuro próximo se emitan leyes que permitan el matrimonio de seres humanos con animales).

La rispidez de las bizarras declaraciones homofóbicas y de odio han provocado la condena social en numerosos sectores progresistas de la sociedad mexicana. Desgraciadamente en la ultraderecha religiosa como en El Yunque todavía muchos guardan en el clóset embriones congelados con añejas proclamas como “Cristianismo sí, comunismo no” o el famoso “Viva Cristo Rey” de la Cristiada que de cuando en cuando reviven.

De ahí que cobre enorme relevancia el que a la par de prestigiadas universidades como la UNAM, la UAM y la UdeG, el rector de la UANL, Rogelio Garza Rivera, advierta con ellas que “la discriminación por motivos de orientación sexual constituye un fenómeno presente en México, lo que ilustra la necesidad de promover la creación de ciudadanía a partir de valores como la tolerancia y el respeto a la diversidad, así como fomentar actitudes abiertas al conocimiento, la empatía y apertura hacia los demás”.

Difícil negar la contundencia argumental del desplegado universitario de la UANL, al alimón con la UNAM, la UdeG y la UAM, que extrañamente aquí no fue publicado y hasta ha pasado desapercibido por la totalidad de la prensa local, incluyendo los escasos espacios en internet de alguna relevancia.

Al típico aislamiento informativo de Monterrey, cuya población en su enorme mayoría para ese efecto sólo abreva de fuentes locales, no contribuye a la apertura social que dice proclamar y propugnar, la Universidad pública del estado (la única que por ello puede distinguirse de las demás –UDEM, UR, Tec–), el hecho que ella misma, ocultándolo, reste importancia a su pronunciamiento: “El Estado laico constituye una condición necesaria de las sociedades modernas, en la medida que garantiza la pluralidad de las ideas y hace posible el respeto a la diversidad étnica, religiosa, moral, ideológica y filosófica, a partir de una ética que se sustenta en los derechos humanos. Por ello, un Estado laico y democrático debe asegurar los derechos de todos”. ¿Por qué no decirlo entonces a voz en cuello en Monterrey?

gcolin@mail.com