Entre pares

¿Por qué callaron 'El Norte' y 'El Horizonte'?

A la par de una las mayores tragedias que se recuerden en su género en Monterrey, el reciente motín del penal de Topo Chico prohijó también una pifia mediática que permanece envuelta en un halo de misterio.

Si el gobernador de NL, Jaime Rodríguez, tardó diez horas en hacer acto de presencia para explicar la situación que se vivía, dos de los diarios regiomontanos (El Norte y El Horizonte) omitieron en sus ediciones del día siguiente la estremecedora noticia, la cual dieron a conocer hasta 24 horas después.

En cambio, en una refulgente cobertura, MILENIO Monterrey ya había dado el campanazo el día anterior, en lo que se convirtió en una primicia periodística de primera plana a ocho columnas, fotografía incluida, amén de que en redes sociales y Multimedios Televisión igualmente se difundía el sangriento suceso en vivo.

¿Qué indujo a El Norte y a El Horizonte a omitir la noticia del año en sus ediciones matutinas del día siguiente ( jueves 11 de febrero) sobre los hechos que iniciaron el miércoles 10 a las 23:30? Son consorcios periodísticos para los cuales, desde luego, habría sido pan comido la cobertura del suceso (en la que con mucho, de entre todos los reporteros que lo cubrieron, se llevó las palmas el corresponsal de La Jornada, Erick Muñiz).

A las 11:30 de la noche (cuando empezó el motín carcelario), las redacciones de los diarios empiezan a hacer pruebas de cierre de edición. Tratándose de la información sobre el motín del Topo Chico, ninguna explicación técnica alcanza para explicar por qué omitieron publicarla al día siguiente, es decir, el jueves 11 de febrero.

¿Fue una coincidencia de altísima probabilidad estadística el que no uno, sino que dos notorios medios regiomontanos actuaran de esta manera? O ¿hubo algún designio o censura externa? El caso para especialistas y enterados es singular y no deja lugar a ingenuidades ni coincidencias.

¿Puede estar la explicación en el ámbito político y la libertad de expresión coartada o autocensurada por conveniencia propia, habida cuenta que ambos medios presumiblemente tienen negociaciones en curso para concretar convenios de publicidad gubernamental, la cual es por demás escasa en el régimen del Bronco?

No sería difícil considerar tales versiones; cuestión de analizar la diatriba del gobernador Rodríguez contra el conductor Gregorio Martínez y las demonizaciones que ya se hicieron durante la campaña con otros conductores.

Pero la especie del móvil político o la censura es insuficiente y contradice el sesgo que la política editorial de El Norte había dado apenas un día antes en relación al régimen del Bronco. Mostrando los recursos y alcances del periodismo bien ejercido, reveló en un reportaje la trama del cobijagate. Una saga que tambaleó y provocó tremendo boquete de ilegitimidad a un régimen que obtuvo el voto ciudadano precisamente a base de prometer honestidad y transparencia y vino a resultar lo contrario. Episodio de presunta corrupción que involucra —según información no desmentida de un portal local— al propio gobernador quien habría autorizado directamente a su subalterno, el subsecretario de Administración Rogelio Benavides Pintos, la compra presuntamente fraudulenta de 200 mil cobertores a precio inflado y ordenada a un proveedor fantasma justo en Nochebuena.

De haber ocurrido, la versión censuradora sin embargo es inconsistente (después del cobijagate ¿para qué omitir el motín?), y hasta contraproducente: la dilación en publicarlo, que como quiera se dio a conocer un día después, fue aprovechada por El Norte para abundar en el cobijagate ese día.

Como haya sido, para los anales del periodismo regiomontano es un hecho insoslayable que en las hemerotecas del futuro, quienes quieran asomarse a través de El Norte y de El Horizonte a lo que sucedió en el penal de Topo Chico, deberán buscarlo no al día siguiente, sino hasta un día después. Si bien los motivos por ahora permanezcan nebulosos.


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