Entre pares

Su boca es límite

Hoy cualquier cantidad puede determinarse y es buena sólo por enunciarla.

Tras la trama revelada sobre las cuantiosas donaciones extraordinarias a la automotriz Kia Motors para instalarse en Nuevo León otorgadas por parte del Gobierno Estatal mediante exenciones de impuestos (en cuantía y extensión aún no reveladas), obras de infraestructura (cuyo trazo permanece en penumbras), y adecuaciones por mil seiscientos millones de pesos al terreno también donado (ni siquiera otorgado en comodato, sino sencillamente regalado), queda clara la enorme discrecionalidad que se atribuye el Ejecutivo nuevoleonés para favorecer a una industria privada (y extranjera) en el supuesto de que su asentamiento en la entidad beneficiará a la economía regional.

Sin considerar si son o no proporcionales las dádivas en relación con los hipotéticos beneficios, se observa de entrada que no hay contrapeso alguno para las decisiones que toma el gobernador respecto a un cierto orden de magnitud que fuera establecido por la ley, bajo el cual pudiera favorecer a un ente privado en determinadas circunstancias.

Según las evidencias, hoy cualquier cantidad puede determinarse y es buena sólo por enunciarla. El modusoperandi es el mismo con FEMSA y su estadio que con Kia. A la primera favorecida se le dieron el doble de hectáreas que ni el proyecto requería, y a Kia hasta el suelo regalado de su planta se le nivela. Al paso despilfarrador que se avizora sólo falta que la planta misma se les construya en obra negra.

La discrecionalidad unipersonal del gobernador es la medida del deseo cumplido. Si Rodrigo Medina lo dispone, en ejercicio de estas metafunciones cuasi soberanas, salen cientos de hectáreas —patrimonio del pueblo de NL—, escrituradas a nombre de Kia; y si el mismo gobernador lo determina, van para la automotriz otros mil seiscientos millones de pesos del erario para desbrozarle y nivelarle el terreno.

¿Existe un tope o su boca es el límite? ¿Cuál es la racionalidad legal detrás de estos obsequios fiscales otorgados por Rodrigo Medina? ¿Es poco? ¿Es mucho? Su gobierno no ha publicado hasta ahora parámetros objetivos que permitan saberlo. Pero entre los ciudadanos que observan pasmados el gigantesco regalo, la presunción lógica no le favorece al gobernador. La opacidad es el colmo del trato. Quienes pagan esas dádivas —que son los contribuyentes nuevoleoneses—, no tienen acceso ni al mínimo de esa información que les permita orientar su criterio.

Peor aún, el Gobierno del Estado lleva a cabo en la penumbra licitaciones de urgencia para favorecer a Kia Motors que junto con lo anterior contradicen las normas de sana transparencia y rendición de cuentas. De pronto aparece —vía fast track—, una licitación para nivelar el terreno regalado a la automotriz. Contrato que casualmente gana en el acto un constructor favorito del sexenio y del que se dice mantiene fuertes vínculos con el padre del gobernador.

Opacidad y presunta corrupción de altos vuelos parecen estar detrás de un proyecto económico que supuestamente derramaría beneficios para la entidad, los que por ahora no son evidentes una vez restados los regalos.

La marca del sexenio medinista en atribuciones arbitrarias y muy poco disimulado autoritarismo permea a muchos funcionarios de su gobierno quienes lo emulan en sentidos paralelos.

En un ejemplo reciente de muchos más, el procurador Adrián de la Garza, de nulo oficio político y menos educación cívica (y por lo que se ve también de la que se hereda en cuna), se permitió de manera majadera llamar “una payasada” a la razonable petición formal de la diputada local panista (Elda Alejandro) para que las oficinas de la PGJ que lucen desiertas en municipios priistas de la zona norte del estado, sean mejor atendidas.

Ignorante del papel de la diputada como representante popular, el arrogante procurador de ánimo circense le espetó: “Nos hemos dado cuenta de su solicitud y se nos hace estéril”. O sea, como en el gobernador su boca es medida, si al señor De la Garza así le complace, recibe o desprecia a quien en orden jerárquico (representante electa por ciudadanos al Poder Legislativo), es incluso muchísimo, pero muchísimo más que él (que no pasa de ser un burocrático empleado en puesto de alto funcionario). Así están de sobraditos los funcionarios de hoy. Su boca es medida.

gcolin@mail.com