Entre pares

Por el bien de la República, Peña debe irse

Ningún reemplazo devolvería al gobierno de Peña Nieto la credibilidad perdida.

En la saga colosal de versiones, luego de la fuga del Chapo Guzmán, por sus implicaciones y por el desgaste imparable que sus yerros acumulados conllevan a la desprestigiada institución presidencial, y porque como él mismo dijo hay un Estado mexicano afrentado de manera imperdonable, un clamor monumental se clarifica conforme pasan las horas y se abre paso entre las filas ciudadanas: el presidente Peña Nieto debe renunciar.

 No se dice todavía a multitudinaria voz en cuello, pero es tal el desarreglo que la renuncia ya se pide al aire (verbigracia la locutora Fernanda Familiar quien de paso avisó de un divorcio inminente en la familia presidencial). Por lo pronto, en todos los sectores sociales se exige el reemplazo por lo menos de su Gabinete de Seguridad, lo que en realpolitik equivale a que se descarte de uno de sus presidenciables, el secretario de Gobernación Osorio Chong, ahora políticamente inerte y a la deriva después del suceso.

 Sin embargo, ningún reemplazo devolvería a su gobierno la credibilidad perdida. Y eso abona directamente a la ingobernabilidad del país, de por sí prendida por alfileres (luego de Ayotzinapa, Tlataya, las Casitas, los mil 700 millones de pesos a fondo perdido de una asociación mexiquense; del espionaje masivo de su gobierno a los mexicanos a través del software Hacker Team; y de los expedientes abiertos de un PIB estancado al 2.4% durante su sexenio reformista, de la venta irrisoria del patrimonio energético, más el ataque masivo al gremio magisterial para desmantelar la educación laica y gratuita, entre muchos otros).

 Los cuestionamientos en la prensa humillan en todos los tonos a su gobierno por su ineficacia: “¿Qué hizo el gobierno del presidente Peña Nieto para desmantelar la estructura financiera del Chapo luego de su captura?”; “La segunda fuga del Guzmán pone en ridículo la estrategia de seguridad de Peña Nieto”; “La fuga del Chapo representa nada menos que una orden presidencial directa no cumplida”; “El señor de los túneles pareciera tener una alianza con el PRI y con el presidente Peña Nieto”…

 Si como en el símil acuñado por el colega de estas páginas, Luis Petersen, al túnel de tierra por donde dicen que salió el delincuente le corresponde un túnel político que hizo la fuga igualmente posible, sería entonces gravísimo descubrir lo que se intuye: que éste comenzó en las más altas esferas del poder y terminó en el sainete de equívocos donde frente al hoyo de salida, los más altos mandos del gobierno peñanietista mesmerizados observan para los medios el agujero por donde se diluyen sus funciones.

 Mas no todos se tragan la píldora completa y los hay quienes cuestionan si en verdad El Chapo salió por el túnel mediático (que todavía nadie ha comprobado a dónde conduce), o por la puerta principal como la vez anterior (primera hipótesis de la procuradora Arely Gómez luego conminada a reprimirla y a guardarla en secreto).

Los miles que desde ayer han visto el video del penal que muestra los momentos en que se fuga El Chapo, se preguntan a qué hora éste se dejó crecer el pelo. En las fotografías que las autoridades difundieron, lo muestran pelón con el corte de pelo diariamente rasurado, por reglamento obligatorio. ¿Es entonces el mismo Chapo el que se fuga con pelo? O como en el clásico de los varios Mario Aburto (el homicida de Colosio) ¿había un Chapo a rape en los archivos y otro Chapo con pelo en la celda?

 Las sospechas fundadas (se desprendió del brazalete de seguridad con la facilidad de quien se quita un reloj) retrotraen a la memoria las claridosas hipótesis de trabajo periodísticas, no investigadas oficialmente por obvias razones pero tampoco desmentidas, según las cuales al Chapo, el gobierno de Vicente Fox le habría facilitado su primera fuga (en condiciones más sencillas y menos dramatúrgicas que las divulgadas) para que sirviera de mediador-pacificador en la pradera incendiada del narcotráfico.

 En semejantes condiciones se habría pactado este segundo escape con el gobierno de Peña Nieto y por temor a la posibilidad de que EU pidiera y presionara para obtener la extradición de un capo dueño de información ultrasecreta y devastadora sobre el modus operandi del narcotráfico en México y sus conexiones políticas.   

 Ante la magnitud de lo anterior (traición a la patria en rigor) es por lo que la gente empieza a exigir la renuncia de Peña Nieto, por el bien de la República.

gcolin@mail.com