Entre pares

UANL vs UANL en la sismología "shale"

Así avanza la desinformación gubernamental sobre uno de los grandes proyectos.

En la campaña estatal apenas disfrazada a favor de la perforación indiscriminada de pozos extractores de gas de lutitas en la Cuenca de Burgos, la universidad del estado ha quedado raspada. Mediáticamente hace unas semanas pasó prácticamente desapercibida una postura en la que la UANL se contradice a sí misma sobre las secuelas telúricas del fracking como método de perforación, depredador del medio ambiente.

La posición anterior de la casa de estudios, a través de uno de sus especialistas en la materia, no dejaba lugar a dudas: los sismos de recurrencia reciente en la zona norte de la entidad tenían su origen en la perforación actual de pozos de gas shale —muchos de ellos sin los estudios de ley en impacto ambiental— en la Cuenca de Burgos.

Se afirmó entonces desde la UANL que Nuevo León en definitiva no era ni había sido zona sísmica para que se produjeran movimientos telúricos en razón de movimientos de placas tectónicas. Y que en consecuencia su origen podía deberse a la actividad humana desarrollada a través de la fracturación de piedra lutita a kilómetros de profundidad.

Pero ahora la Facultad de Ciencias de la Tierra afirma lo contrario y que según sus estudios, está completamente descartada la posibilidad de que la extracción de gas y petróleo shale (sic) tenga que ver con la sismicidad que se ha observado.

Más aún aduce por primera vez lo que numerosos investigadores del ramo hasta ahora negaban, que Nuevo León sí es zona telúrica. “Desde el 2006 hasta el 18 de marzo, todos los sismos tienen una firma que está relacionada con sismos de carácter tectónico” (sic).

Faltará saber cuál de las voces, hoy contradictorias, de los expertos en ciencias de la tierra en la UANL es la que tiene aval científico. O si acaso alguna de ellas se adhiere por interés a la visión oficial que es promovida y alentada desde enclaves de la IP como la Canacintra y desde las secretarías estatales de Energía y de Desarrollo Económico.

Los titulares y subsecretarios de estas dependencias se han caracterizado por sus declaraciones ambiguas o francamente contradictorias, envueltas en un lenguaje a menudo denigrante y descalificador dirigido en contra de quienes se oponen a la perforación de pozos de gas en NL por el método fracking sin antes realizar análisis exhaustivos de las consecuencias para la entidad.

En efecto, por el impacto ecológico de tal tecnología de altísimo consumo hídrico (arriba de 15 millones de litros de agua), su uso está prohibido en Estados Unidos (con excepción de Texas) y en numerosos países de todo el orbe —los europeos principalmente—, por la destrucción de los ecosistemas que genera.

Rolando Zubirán, secretario de Desarrollo Económico, virulento en el tema, afirmó en febrero del presente año que el faraónico proyecto hidráulico denominado Monterrey VI traería agua desde el río Pánuco, en cantidad y duración suficiente “para explotar el gas shale” por lo que “es de suma importancia para el proceso de fractura de la piedra, para la extracción del gas en la Cuenca de Burgos. Menos de treinta días después, dicho secretario sin apenas parpadear se desdijo a sí mismo: “El proyecto Monterrey VI nada tiene que ver con el proyecto del fracking y es sólo para consumo humano”. Descalificándose a sí mismo de manera implícita como uno de los que difunden especulaciones en torno al tema, añadió que lo que se dice en torno al uso del vital líquido para extraer gas es “mera especulación”.

La UANL puede descansar tranquila, no es la única que se contradice en el rubro.

Y mientras que la Canacintra de plácemes abre oficinas en Texas por la derrama económica del proyecto que ya les hace frotarse las manos, en una serie de presentaciones, funcionarios estatales ensalzan de tal modo el nocivo método de extracción que poco les falta para dotarlo de la virtud de proveer agua, en lugar de consumirla en altísimas magnitudes.

Vladimir Sosa Rivas, subsecretario de Energía de NL, dijo que se han generado “mitos” en torno a esta industria y con desparpajo esparce falacias propias, como esa que en EU se utiliza más agua para la agricultura que para extraer gas shale (pero omite que ello es debido a que sólo en el territorio de Texas está permitido); o aquella de que se puede usar agua salina o reciclada (alternativas inviables por ser más costosas que el agua fresca).

Así avanza la desinformación gubernamental sobre uno de los grandes proyectos detrás de la consabida “reforma energética”.

gcolin@mail.com