Entre pares

Tristes espectáculos por doquier

Lo que se perfila para Nuevo León en las elecciones es justo un certamen de popularidad banal.

La poco significativa candidatura priista de la ex grupera Ivonne Álvarez para gobernar a Nuevo León ha propiciado súbitos gestos y movimientos disímbolos en el escenario político de la entidad. Ninguno de ellos sin embargo parece augurar algo diferente a la imparable depreciación ya vista de la clase política, corroída hasta los huesos, desde Monterrey hasta Chiapas, pasando por Los Pinos.

Localmente las reacciones van en un rango que empieza desde que, en hito inédito de la institución supuestamente apolítica, un rector del Tec por primera vez en su historia se sintió públicamente con ínfulas para merecer figurar como gobernador norteño, sólo por su inserción en esa institución académica; hasta la más poblada trayectoria del ex gobernador Elizondo para ser considerado como candidato aleatorio de cualquier partido minoritario.

La desconfiguración total del hasta ahora tradicional esquema político en NL lo ejemplifica la foto propia de una revista de farándula donde aparecen en pose tipo selfie doce o quince aspirantes al registro priista nuevoleonés, saliendo de un conciliábulo donde acordaron respaldar –mediante pactos políticamente onerosos– a la única personalidad de todos ellos que podría equiparar o superar ligeramente a la cantada candidata del PAN, Margarita Arellanes, por lo menos en encuestas de popularidad regiomontana, que en un estado tan centralizado como NL es todo lo que cuenta.

Por algo el alcalde panista de San Pedro salió con mal disimulado oportunismo partidista a advertir que la gubernatura no era concurso de popularidad. En teoría debiera asistirle la razón, pero se equivoca. Lo que se perfila para Nuevo León en las elecciones estatales es justo un certamen de popularidad banal al que difícilmente podrán sustraerse el resto de los aspirantes.

Siguen el pobre modelo que ya es pandemia en toda la República Mexicana de ocupantes de puestos de elección o de aspirantes a ellos que con enorme cinismo confunden a la política con el espectáculo circense y sin la menor noción de lo que es gobernar por el bien común. Dos casos adicionales lo ilustran. Uno a nivel nacional con el presidente Peña Nieto (que cada semana acumula pifias) y otro en Chiapas con un aspirante a la presidencia (ahora todos estos yuppies lo son desde que se casan con artistitas).

Al primero le acaban de descubrir desde el Wall Strett Journal otra casita cuyo vendedor a continuación acumuló 100 millones de dólares en contratos durante la gestión de EPN como gobernador mexiquense, y ahora con el compadre como  Presidente de México, el mismo empresario lleva ya 11 contratos más otorgados por el actual Gobierno Federal.

Las reacciones defensivas van desde lo pueril hasta lo grotesco. El PRI y Los Pinos aceptan la transacción como lo más natural, pero rodean el presumible conflicto de intereses atribuyéndolo todo a una conjura de quienes quieren desgastar la figura presidencial.

En el colmo el impresentable líder de los diputados del PRD les sigue el guión con la mala fortuna del que pretendiendo encubrir descobija: “Es importante investigar de dónde sale tanta filtración recurrente”. Ergo si son filtraciones se trata de datos ciertos y si se descubren a cada rato es porque EPN y La Gaviota poseen esas y quizá otras propiedades más. Ignora además el torpe defensor perredista y aspirante a gobernar Michoacán que los reporteros del afamado WSJ pueden acudir al Registro Público de la Propiedad a verificar tanta propiedad de EPN o de su esposa; y presumir sus presuntos vínculos de patrocinio indebido con los vendedores.

Y en Chiapas a principios del pasado diciembre, el cacique-gobernador Manuel Velazco, que aspira a ser presidente de México, se daba un baño de pueblo al salir de refreír su informe de gobierno en Huixtla. Un asistente detrás de él daba obsequios a los acarreados que abrazaban a Velazco para que éste disimuladamente se pudiera desprender de ellos. No lo hacía con premura y por ello el gobernador con talante de casta virreinal lo abofeteó. Más tarde sin empacho se disculpó llamando a su vergonzoso proceder sólo “un incidente accidental”.

Así está la deplorable democracia mexicana con reyezuelos que si no los desaparecen ya hasta cachetean a sus súbditos. Al rato habrá azotes en la plaza pública para los ciudadanos que no se inclinen ante sus majestades.

gcolin@mail.com