Entre pares

Treinta años de periodismo y análisis político

Algunos malos mexicanos han traicionado tramos gloriosos de historia nacional.

Analizar los últimos 30 años de política en México es tarea que debe ser emprendida. No han sido en el país los años más afortunados para mayorías que ya casi no esperan ver cumplidos sus anhelos y esperanzas de justicia y bienestar; y los plazos para lograrlo hace mucho que se vencieron.

Asignatura histórica pendiente y efeméride personal, que en esta ocasión se dan cita al cumplir el autor de esta columna treinta años de labor periodística y editorial (como fundador y director de la Agenda Política de México).

Se han debido sortear un sinnúmero de desafíos, entre los cuales ganar una libertad de expresión rentable económicamente, al margen de los poderes (formales e informales) no ha sido el menor. Se han atravesado las inequidades del sistema, sus contradicciones y las lacras que ha prohijado. Vivimos el parteaguas social que representó el terremoto del 85, el error de diciembre, la caída del sistema, el fraude electoral del 88, la crisis del 94, el asesinato de Colosio, la rebelión indígena del zapatismo, el Fobaproa, los mensajes de Marcos, la malograda transición política que luego devino gobierno de empresarios para empresarios, el comes y te vas, el haiga sido como haiga sido, pasando por la señora Martha y las casitas, entre otros muchos momentos de desolación política colectiva.

Una travesía en la que hemos disfrutado y llorado a nuestra patria, por sus grandezas y sus enormes carencias y por el derroche de sus recursos a cargo una clase política advenediza al poder, en su mayoría apátrida y raptora. Recorrido del que se ha dado cuenta puntual cada año y desde hace treinta en la Agenda Política de México. Qué iba a imaginar lo que habría de vivir generacionalmente aquel puñado de idealistas que hace treinta años en Monterrey dimos a luz la Agenda Política de México, embebidos de aquellos emprendimientos ideales que fueron para nosotros las sagas periodístico-empresariales de las revistas Proceso, Vuelta, y los periódicos Unomasuno y La Jornada.

Algún día la historiografía de los medios en México cubrirá ese vacío de saber qué fue de grupos semejantes en su afán por conquistar el Santo Grial: parecerse o emular a los Scherer, a los Becerra-Acosta, a los Carlos Payán, a los Granados Chapa, a los Leñero y a tantos otros periodistas ejemplares que sería innumerable enumerar pero que tuvieron todo que ver con la transformación política que sufrió el país en los últimos treinta años; para empezar: el nacimiento de un periodismo nuevo, insumiso, crítico, que antes no existía en México y que se atrevía a levantarle la voz al poder. La obra captó la atención justo por ofrecer año tras año, en una agenda ejecutiva, a manera de un instrumento de alfabetización política, las principales coordenadas del devenir económico, político, social y fotoperiodístico del país, en tiempos de opacidad asombrosa muy lejos del IFAI de hoy.

El recorrido a través de tantas añagazas semeja al de una generación que entreverando biografía y currículo profesional, vivió, creció, amó y se divorció con las quimeras del bravo nuevo mundo; con el recuerdo indeleble del 68; con la primavera de la revolución cubana y la entrañable presencia del Comandante Che Guevara; de nuestra emancipación ciudadana del tutelaje autoritario, político y familiar; con la fascinación letal de la guerrilla; con la ensoñación nacionalista y populista sin rubor por lo nuestro y sus cantos a la vida en aras de una globalización de rasgos burdos e indiferenciados; con el desencanto por la promesa ideológica de izquierda, devenida franquicia claudicante, que en el extremo mercenario hizo la infamia de co-revertir con el PRI y el PAN la expropiación petrolera; desde una revolución mexicana que no supimos cuándo su nombre bajó de las marquesinas que anunciaban el legado del país; como igual ocurrió con el aeropuerto Benito Juárez de la capital, que de improviso ya no se llama así y nadie sabe por qué (como quitar el Charles de Gaulle y el John F. Kennedy a los aeropuertos insignes de Francia y Estados Unidos). Así también algunos malos mexicanos han traicionado tramos gloriosos de historia nacional.

Han sido tiempos de sumas y restas en los que el afán profesional y cívico siempre ha sido el de dar cuenta de manera crítica y fundada el devenir del país que somos y de los tiempos que nos ha tocado vivir, así como de los que esperamos que sigan y acaso sean mejores.

 

Extracto de las palabras inaugurales del autor de esta columna en la apertura del foro “30 años de política en México”, celebrado en el Senado de la República el mes de junio pasado.

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