Entre pares

Tergiversar la consulta energética

Es "Vox populi" que tan sospechosa unanimidad no fue ideológica, ni siquiera política...

Tergiversar la futura consulta constitucional que se pretende hacer al pueblo de México en el 2015 sobre la contrarreforma energética recién aprobada, parece ser el propósito inmediato del peñanietismo. No escatima recursos para confundir a la población y eventualmente descarrilar el uso del derecho que por mandato constitucional permite a los ciudadanos pronunciarse sobre un tema público y político que cambia radicalmente e hipoteca la faz de la nación en el mapa de su soberanía y la explotación de sus recursos no renovables.

Dicho ejercicio que se pretende llevar a cabo por iniciativa de varios partidos minoritarios tiene, según descalificó el mandatario, “un tinte político de cara a la elección del próximo año”. Así, en la incongruencia del titular del Ejecutivo, la alta política que según él había presidido el ejercicio reformista, cuando se trata de objetarlo le resulta entonces un sinónimo de batalla electoral. No sirve para nada más en el estrechísimo y nada desinteresado criterio presidencial.

Por supuesto que es un tema político de la mayor relevancia y prioridad y qué bueno que lo sea. Que México vaya a perder merced a las contrarreformas por lo menos la mitad de su renta petrolera por dársela a ganar a “la competencia” extranjera no puede ser más que un tema de la más alta política en cualquier otra democracia.

Es falso de toda falsedad, como añadió EPN a continuación, que la contrarreforma energética haya tenido un amplio e intenso debate. No lo hubo ni entre ciudadanos —cuyas voces cuando se alzaron en contra o con objeciones no fueron tomados en cuenta—, ni entre el mismo Poder Legislativo. Por el contrario, los ciudadanos pudieron corroborar el vergonzoso y deplorable espectáculo que brindó PRI-PAN-PVEM al votar de manera unánime y ganar por carros de mayoría.

Una y otra vez, en todos y en cada uno de los momentos del proceso legislativo sobre las iniciativas presentadas desde Los Pinos pero manufacturadas en el Congreso de Washington, no hubo de entre los diputados y senadores de esos partidos (PRI-PAN-PVEM), ni siquiera una voz independiente, valiente, íntegra, que disintiera por convicción propia del atraco a los recursos escriturados a la Nación que se perpetraba.

Hoy es vox populi que tan sospechosa unanimidad no fue ideológica, ni siquiera política, sino mero asunto de bolsillos llenos para fines personales de los legisladores vende patrias, a los que se les distribuyeron recursos a manos llenas. En efecto fluyeron al Congreso en forma de partidas extraordinarias, libres de cualquier explicación durante y después de cada contrarreforma que se sometía a su aprobación, la que obviamente resultaría de mero trámite.

Ahí está el hoy con ironía involuntaria denominado Diario de Debates del Congreso, para probar que no hubo ninguna discusión. Ni siquiera se tomaron en cuenta para su análisis las miles de reservas que en lo particular inscribieron los partidos minoritarios.

“Si tan convencidos están de la reforma energética, de que va a generar una enorme riqueza, que ayudará al país, ¿cuál es la preocupación de que haya consultas sobre ella y de que el pueblo salga a votar?”, han reclamado voces perredistas que añaden: “Creemos que tan grandes decisiones de la vida pública del país tienen que pasar por estos filtros para que realmente sean legítimas”.

Qué lástima que los voceros del PRD que hoy así razonan, incluyendo su nefasto líder Jesús Zambrano, no hubieran reparado en el pasado inmediato que acudir y suscribir el paralegal Pacto por México abría de par en par a EPN y sus camarillas en el PAN y PVEM, la posibilidad de legitimar mediáticamente una iniciativa que nunca pasó por el consenso o el debate entre sus representantes y que fue producto de aberrante arreglo cupular, del cual el propio PRD se retiró para “taparle el ojo al macho”, fingiendo abanderar a la izquierda, cuando ya era demasiado tarde y el Congreso se había rendido al servicio de la estrategia que  privatizaría no sólo el petróleo sino toda la energía de nuestro país.

gcolin@mail.com