Entre pares

El Tec no es "gay friendly"

El reciente rechazo oficial del ITESM a dar su reconocimiento a una asociación estudiantil surgida en el Campus Monterrey, que propugna por despertar a las conciencias a la diversidad y a la tolerancia de los estilos de vida sexual diferentes a los convencionales, particularmente frente a actitudes y prácticas homofóbicas, pone a la luz del debate social su postura sobre el tema.

En el rechazo del Tec varias aristas niegan su pregonada búsqueda de la pluralidad. Entre ellas, no es menor el dilema que se suscita entre su actuar público y privado. Dilema en el que a menudo se ha visto atrapada la institución (en circunstancias incluso trágicas, como en el caso de los alumnos de excelencia académica, acribillados por el Ejército a sus puertas, en un incidente mortal que aún no conoce resolución jurídica final, en medio del ya silencio absoluto del Tec, salvo en los aniversarios luctuosos de protocolo y trámite).

En efecto, ya se ha abordado en esta columna el fenómeno de la dicotomía de un ITESM que a golpes de mercadotecnia se suele vocear como institución universitaria y demanda en consecuencia que la sociedad la haga suya con esos valores propios de la “universalidad” justamente, como institución tolerante, abierta a todas las corrientes del pensamiento y plural.

Pero por otra parte, en cuanto surge un cuestionamiento que atañe a sus prácticas internas, particularmente en temas escabrosos para ella, el ITESM se cierra, enarbola el candado de su privacidad y reivindica para sí sus reglamentos inapelables como ente privado.

Ya de por sí lo anterior colocaría al ITESM en contradicción abierta con lo que en sus campañas publicitarias inducen a inferir y exponen; y eventualmente arriesgan a que su propio estudiantado, el que dicen formar en los más altos valores del emprendurismo, observe que la pretendida nobleza de su alma máter no lo es tanto, o al menos no es tan coherente como reza la publicidad que la vende.

El Tec, en un grosera descalificación implícita, argumentó en su escueto rechazo a sus alumnos gay y lesbi que sólo reconoce asociaciones que contribuyen a enriquecer el acervo curricular del alumnado, negando de entrada que formar una asociación civil a favor de derechos humanos consagrados sea uno de los modelos de emprendurismo que el ITESM propugna inculcar a sus alumnos.

El Tec con su rechazo hace cavilar a la comunidad si sólo reconoce en su seno a organizaciones estudiantiles que busquen fomentar el estudio de la robótica y las nanotecnologías como valores agregados a la industria (campos tan apreciados y sublimados por la institución), y no así a los valores universales proclamados por defensores de Derechos Humanos en todo el mundo.

Adicionalmente, y por si lo anterior no fuera suficiente, el ITESM argumentó que no podía admitir asociaciones que buscaran hacer en su interior proselitismo para alguna causa. Con lo que de entrada colocó un grueso cepo de censura a todos aquellos estudiantes itesmitas que por ejemplo elaboran y colaboran en campañas de prevención al cáncer de mama, o en campañas nutricionales, etcétera. Un sinnúmero de objetivos y causas se pueden abrazar y en todas ellas de manera inevitable se trata de conseguir prosélitos, afiliados, convencidos, despertados ideológicamente a perseguir objetivos. No necesariamente esto debe ocurrir a la usanza anquilosada como lo entiende el ITESM, como un proselitismo pernicioso, político o faccioso (que aun ahí habría que ver lo que se entiende por cada concepto y si tienen o no lugar ad hoc en las instituciones educativas).

El rechazo emitido por el Tec es una negación visible a la mayoría de edad de sus alumnos en carreras profesionales, los que por lo visto son incapaces de saberse reconocidos por su institución educativa privada, como algo más que matrículas de abultada cartera, y no como seres pensantes con criterio independiente, y madurez suficiente para conducir, defender y propiciar la tolerancia a sus estilos de vida y preferencias sexuales.

Preferencias sexuales que, por cierto, muchos de sus profesores y hasta directivos no ocultan, sean o no poco convencionales. Eso sí es privado y digno de llamar a los demás a respetar… como querían hacerlo a la luz pública estos estudiantes, cuya solicitud de reconocimiento fue denegada por aquello que desde siempre el Tec ha mostrado en sus genes, pese a la multimillonaria publicidad que la anuncia como institución educativa, renovada de raíz.