Entre pares

Salirse con la suya

Puestos en un limbo administrativo podrán ser enviados como auxiliares de cualquier función.

Vale repasar la entrada de una nota periodística local sobre el movimiento magisterial que durante unos días pobló de campamentos el Paseo de la Reforma en el Distrito Federal:

“Los maestros de Oaxaca se salieron con la suya: cobrarán los adeudos que reclamaban y que las autoridades federales y estatales admitieron que estaban pendientes por ‘errores’ en la nómina magisterial”. Y todavía añade: “‘doblaron’ a Gobernación y al gobernador de Oaxaca”.

Según la nota citada entonces, el que miles de maestros por fin cobren varios meses atrasados de sueldo, debido a “errores” burocráticos, es de acuerdo al tendencioso periódico “salirse con la suya”. Exigir al gobierno el sustento diario varios meses atrasado para las familias de los docentes, con justa razón amotinados, es “salirse con la suya”. Cobrar a lo que se tiene derecho –entre otras cosas ¡la segunda parte del aguinaldo cuando ya es febrero!–, para este medio norteño equivale a imponer a capricho la voluntad propia sobre la razón, que es cuando en buen castellano se utiliza la expresión “salirse con la suya”. 

Éste es un ejemplo de la continua satanización que se hace mediáticamente al movimiento magisterial que ve recrudecido el hostigamiento de que es objeto desde diversos frentes, merced a las crecientes restricciones a su labor que importa la mal llamada reforma educativa. De haber pretendido otra cosa que la precarización de la carrera magisterial se hubieran actualizado para empezar los planes y programas de estudio.

En Nuevo León para no ir más lejos, que se precia de ser entidad con algunos de los más altos índices de calidad educativa, el plan de estudios de la secundaria permanece intacto sin modificar desde 2011.

Sin embargo, a los docentes ahora sí se obliga a que se sometan a rigurosos exámenes que no tienen el propósito de mejorar sus capacidades docentes, sino de servir de filtros para eliminarlos de la nómina a muy corto plazo, que es el verdadero trasfondo de la reforma.

Un medio para lograrlo es que para sustentar tales exámenes, los maestros no cuenten con guía alguna para prepararse a presentarlos. Podrá decirse con simpleza que versa en general sobre las materias que imparten, pero en el caso de los coordinadores, de los supervisores, y de los directores: ¿cuál es su materia? ¿sobre qué deben prepararse?

A continuación en la carrera de obstáculos siguen dos oportunidades más de presentar el examen de evaluación sobre el que ni siquiera tienen derecho de revisión, al cabo de los cuales si el balance negativo persiste, los docentes pierden de manera inconstitucional toda antigüedad y nombramiento de inmediato.

Puestos en un limbo administrativo podrán ser enviados como auxiliares de cualquier función a cualquier lejano punto de la geografía nacional donde se les necesite. Por supuesto si el docente inhabilitado llega a cubrir las funciones de un técnico copista, el sueldo también será el equivalente. Lo que ganaba con su anterior asignación de docencia frente a grupos se hará polvo, humo. Adiós jubilación con ese sueldo.

Y entonces, ¿quién dará clases a los alumnos frente a tanto maestro que será despedido cuando incluso los egresados normalistas ya no tienen asegurada ninguna plaza al salir?

Pues a equis personas que aun sin ser maestros lo soliciten, pero a los cuales ya no se les dará base alguna, sino sólo contratos temporales sucesivos. De un plumazo adiós carrera magisterial, adiós antigüedad, adiós prestaciones.

Negociazo abierto en adelante para la educación privada, pues las escuelas pública no podrán mantenerse mediante recortes crecientes a los subsidios, al mantenimiento ya de por sí astroso; y ni las cuotas escolares hoy anatemizadas, pero en la práctica fomentadas desde los gobiernos estatales y federales, serán suficientes para sostener la educación pública que ni tan paulatinamente irá desapareciendo. Escenario a la vuelta de la esquina, tan pronto como en diez años según pronósticos conservadores.

gcolin@mail.com