Entre pares

Procurador felón

Autodenominado a sí mismo de esta manera, pretendiendo hacer pasar como una falta menor el que autoridades norteamericanas lo hayan considerado en algún momento responsable "sólo" de una "felonía", es un verdadero contrasentido que el titular de la dependencia encargada de procurar justicia en Nuevo León haya sido fichado "fotográficamente" de frente y de perfil (¿hay otro tipo de ficha?) por girar cheques sin fondos y demorar años en pagarlos. No se trataba de un préstamo como mintió en sus declaraciones, sino de una deuda cuyo pago era perentorio y que intentó liquidarla con cheques sin fondos y luego evadir cubrirla con dilaciones litigiosas, lo que aquí y en China se equipara a una conducta fraudulenta.

Ya tan sólo porque de acuerdo a la premisa enunciada se hace moral y éticamente insostenible que exista un procurador de justicia el que sea quien a la vez incurre en conductas que en su encargo oficial son objeto de averiguación y consignación, Roberto Carlos Treviño debería poner de inmediato su renuncia sobre la mesa de trabajo de su jefe y compadre, el gobernador Jaime Rodríguez. Éste a su vez aún sin que hubiera renuncia de por medio, debería pedirla a quien le une un parentesco por afinidad y amistad, precisamente por el mismo imperativo moral implícito (no es posible reivindicar dizque la honestidad al gobernar y sostener a la vez a un compadre de antecedentes cuestionables —en el mejor de los casos— como procurador de Justicia).

El problema es que al parecer ambos personajes (uno por comisión y otro por hacerse de la vista gorda y arrojar la culpa sobre los medios) surgen de una urdimbre cenagosa donde por lo visto la chapucería es tomada como un asunto de picardía barata: "debía una lanita" dice el procurador felón en lenguaje coloquial que pretendidamente lo justifica.

Pero los titulares de prestigiados medios locales y nacionales lo desmienten: "Roberto Flores Treviño cuenta con un historial de delitos, detenciones y hasta con acusaciones de tener nexos con el crimen organizado y fue condenado por portar armas de uso exclusivo del Ejército". La "lanita" que debió pagar en Las Vegas bajo apremio de las autoridades norteamericanas vendría ser la cereza en un pastel de podredumbre.

Así el gobierno de Jaime Rodríguez, El Bronco, ya en crisis permanente, se desgaja estrepitosamente en un alud de versiones de corrupción, malos manejos, peculado y notoria mala fama pública. Cada semana un nuevo descubrimiento saca a flote escándalos de tal modo malolientes que pronto no será exagerado decir que en corrupción e impunidad supera la que logró su antecesor Rodrigo Medina, sólo que a diferencia de los seis años que le tomó al medinismo tan infame marca, El Bronco la está consiguiendo en apenas seis meses de su mandato.

No se escapa del cochambre ni quien es el supuesto contrapeso de su equipo, Fernando Elizondo, pretendido garante de la "decencia" de la gestión independiente y del Gabinete apartidista de El Bronco. En informes recién publicados se revela que la firma legal de su propiedad, por 25 millones de pesos formuló y validó los leoninos contratos de la entidad con la automotriz coreana Kia. Aunque Elizondo ha pretendido desmarcarse con argumentos falaces, el presumible conflicto de intereses hace también insostenible su posición en el gobierno de El Bronco. ¿Cómo un gobernador puede refutar convenios y contratos con la armadora Kia, cocinados por su antecesor con el apoyo y la formulación jurídica de quien es su actual coordinador ejecutivo?


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