Entre pares

Precandidatos y excéntricos

Nadie invierte en ocho pisos adicionales a cinco permitidos si no es con premeditación, alevosía y ventaja.

Excentricidad o extravagancia son monedas de cuño corriente exhibidas hoy en día sin pudor en diferentes ámbitos sociales, a menudo en ausencia de argumentos honestos, sobrios y sustantivos. Obsérvese por ejemplo la rareza en la lógica (haciendo el favor de llamarla así), que utiliza el constructor mexiquense José Luis Bueno Guzmán para pedir de la autoridad un “trato honesto”, siendo él quien construyó la Torre Gaia en San Pedro y la elevó hasta 14 pisos de altura, de los cinco que le fueron autorizados por el municipio.

Es decir, no se trata de una edificación que traspasó los lineamientos por centímetros o escasos metros debido a causas imprevisibles. Se sobrepasó en ¡ocho pisos! Es obvio que desde los cimientos, la edificación la calculó así el constructor Guzmán para burlar la ley. Nadie invierte en ocho pisos adicionales a cinco permitidos si no es con premeditación, alevosía y ventaja.

Tal premeditación corre de la mano con la sospechosísima lenidad con la que los inspectores municipales de San Pedro vieron acumularse los pisos violatorios de la licencia de construcción, uno a uno hasta acumular 14, sin imponer clausura alguna.

Luego, en un giro más excéntrico todavía, el Ayuntamiento de San Pedro (mal llamado el ejemplo a seguir en México) ante los hechos consumados, renunció a sus facultades sancionadoras y se sacó de la manga una supuesta “Mesa de Justicia” pero con los lugares invertidos. En lugar de ajusticiar con la clausura y la demolición a los constructores abusivos se planteó regularizarlos mediante multas, las que se siguen negando a pagar los infractores aduciendo que son montos impagables.

En un ejemplo de cinismo rara vez alcanzado, Bueno Guzmán, el infractor que construyó con toda la presunta mala fe del mundo ochos piso extra, ahora con desvergüenza irrepetible apela públicamente a recibir… ¡¡“un trato honesto, de buena fe para solucionar el asunto”!!

No es el único personaje que recurre a extravagancias para disimular con tramposas propuestas la nulidad de algún proyecto civil o político, o la manera sucia de lograrlo. A tono con la creciente pauperización del discurso político en todo el país, desde hace tiempo emergen en Nuevo León precandidatos a la próxima gubernatura que provocan en muchos la pena ajena más que entusiasmo alguno; si bien uno de ellos consigue efímeras lisonjas agradecidas por regalos en especie pagados con fondos públicos.

Se trata del secretario de Desarrollo Social del Estado, Federico Vargas, para muchos el delfín del actual gobernador Rodrigo Medina, y mismo que a ojos vistas está sirviéndose de su posición para llevar a cabo actividades de proselitismo y de lucimiento personal que a ojos de muchos podrían tipificar conductas constitutivas de delitos electorales.

Su más reciente extravagancia (y presunto abuso de autoridad y de funciones) fue apadrinar a costa del erario (con salón, música, banquete y hasta paseos en limusinas), a 48 quinceañeras porque “es algo que la gente nos ha pedido”.

Lo que no aclara Vargas es qué norma de su nombramiento lo ampara para derrochar el presupuesto de Desarrollo Social en dádivas y en qué medida una fiesta colectiva de quinceaños constituye un “avance social”. Más aún, no aclara qué convocatoria se utilizó y ni los requisitos que llenaron las agraciadas.

Los hechos, después de ser por él tergiversados son ahora: “Esfuerzos para estar cercano a la gente y ver cuáles son sus necesidades y preocupaciones”. Todo un programa de mesianismo populista.

Como quizá también lo sea el del ex alcalde de García, Jaime Rodríguez que cierra esta triada ejemplar de excéntricos. A éste último le ha dado por montar su caballo y se propone recorrer en el equino ocho municipios para “ganar simpatías” en su camino hacia la gubernatura. ¿Qué significación puede tener para cualquier ciudadano de mediana inteligencia verlo galopar? ¿Con un montón de jinetes a su lado exaltará esa vista de Jaime Rodríguez las cualidades cívicas de la gente a punto de que vayan a votar por él para gobernador de Nuevo León, porque cayó bien el día que se le vio pasando montado en un caballo? ¿No es acaso un insulto a la inteligencia de la población? O ¿de plano así están las cosas que con eso basta?

gcolin@mail.com