Entre pares

Nuevo despojo a la nación

Quizá sea energética la más nociva y perniciosa de todo el aluvión de reformas.

En la momificada mitología del neoliberalismo, desde hace varias décadas sobresale el consabido ofrecimiento de política económica, respecto de un futuro mejor que aguarda al país a la vuelta de la esquina. Sin embargo, nada podría ser más alejado de la realidad que ha sucedido.

El argumento se utilizó primero en la época de las privatizaciones de garaje para justificar los precios de ganga a los que se malbarataron los activos de la nación. Se vendió la mayor parte del patrimonio nacional y jamás se produjeron los resultados ofrecidos. No hubo la pregonada mayor competencia y disminución de precios; los monopolios sólo pasaron a manos extranjeras y se recrudecieron. Por supuesto, jamás se supo del destino que tuvieron los fondos obtenidos.

Para muestra compárese en a guisa de ejemplo cómo las ferrocarrileras extranjeras que sustituyeron a los gloriosos Ferrocarriles Nacionales, tienen en sus manos como rehenes a muchos sectores de la economía nacional que dependen de sus servicios para transportar sus materias primas o sus productos acabados.

Luego siguió en la misma ruta, la época de las políticas macroeconómicas. A costa del bienestar de muchísimos mexicanos se mantuvieron a rajatabla ciertos indicadores que por su inflexibilidad devinieron en fetiches sin importar la precarización en la que se mantuvo y se mantiene hasta la fecha a amplios sectores de población.

En todo momento los manipuladores de esos indicadores aceptaron que las grandes mayorías se empobrecían aceleradamente y perdían viabilidad económica. Pero una y otra vez insistieron en que había que postergar los beneficios inmediatos a cambio de un supuesto bienestar en un futuro más sólido. Promesa que tampoco fue cumplida.

Después sobrevino la etapa actual de las llamadas “reformas” que no son otra cosa que construcciones legislativas a modo, para que el actual estado de cosas se solidifique y se vuelva políticamente irreversible.

Así en el actual sexenio se han desechado conquistas y derechos de la población que formaban parte irreductible del Estado de Derecho mexicano.

Viejos paradigmas en el corazón del nacionalismo revolucionario que simbolizaban la lucha por la justicia y el bienestar social han sido destruidos en beneficio de la parte más explotadora del capitalismo nacional y extranjero.

El derecho a una pensión digna se eliminó desde el momento en que se privatizaron las aportaciones salariales a tal efecto. La seguridad en el empleo y las salvaguardas a las vicisitudes imprevistas en la vida económica de las personas fueron atomizadas merced a las reformas “laboral” y “financiera” y hoy cualquiera puede perder su empleo en un santiamén sin el paracaídas de la ley que antaño le protegía, así como también puede ser embargado y penalizado por deudas civiles, incluyendo para responder por ellas, los bienes de sus familiares.

La reforma “educativa” mantuvo al sindicato gangsteril como cómplice e instrumento de control del régimen en turno pero volatilizó al extremo los derechos adquiridos de los maestros en aras de una supuesta mejora continua pero que en realidad pretende la privatización de la educación.

Pero quizá sea la energética la más nociva y perniciosa de todo el aluvión de reformas por las que este sexenio ha sepultado quizá para siempre las posibilidades de una patria libre e independiente de yugos foráneos.

En el meollo de la legislación secundaria que la acompaña se encuentran una serie de disposiciones entreguistas sin paralelo en la historia de México. Todas apuntan a una protección sin par al capital extranjero. E incluso se firmó ya tras bambalinas un tratado internacional con EU mediante el cual México se compromete a no ejercer su soberanía en casos de conflictos petroleros, aun cuando estos causen daños ecológicos de gran magnitud.

gcolin@mail.com