Entre pares

Nadie quiere al "independiente" misógino

Como pocas veces en lo que va de su mandato, El Bronco logró unificar, pero en su contra, a la opinión pública nacional y no sólo local. Su desafortunada afirmación de que “nadie quiere a las niñas gordas” (por obesidad o por embarazo), como recomendación a los padres de familia para desestimular que ocurra en sus hijas, ha sido motivo de escarnio y reproducida en casi todos los diarios del país, portales cibernéticos y redes sociales.

A ello se aunó otra vociferación igual de escandalosa, relativa a que en su gobierno no hay registro de desaparecidas o secuestradas, sino que a lo mejor –especuló– las ausentes que se buscan son mujeres a las que se las llevó el novio o las convencieron de que se fueran con él (sólo le faltó añadir que se las habrían robado a caballo).

En un país y en un estado como NL, con lamentables primerísimos lugares en ocurrencia de embarazo adolescente, de obesidad infantil y de desapariciones forzadas, éstas son palabras insensibles que mueven a indignación, pues denotan que en el Gobierno de NL hay una falta absoluta de políticas públicas orientadas a paliar estos problemas sociales.

“Sexista”, “misógino”, “chafa”, “grosero”, “machista”, “retrógrado”, “discriminador”, fueron apenas algunos de los epítetos que le endilgaron al gobernador Jaime Rodríguez, un sinnúmero de personalidades e instituciones (de las que probablemente algunas él desconozca que existan o sepa cuál es su papel y su función); y que van desde la Cámara de Diputados de NL, la Comisión Estatal de Derechos Humanos hasta el Instituto Nacional de las Mujeres pasando por el Consejo Nacional para prevenir la Discriminación, organizaciones no gubernamentales, actores políticos y líderes de opinión, quienes lo catapultaron a un primer plano de escándalo mediático.

Un alud de reproches y vituperios que una subsecuente admisión suya, blandida como excusa fallida de decir sólo “lo que piensa” no ayudó en nada. No se dice que Jaime Rodríguez no sea él mismo. Indigna la certeza de que el gobernador de NL así piensa también. Pero él no capta que en este caso lo que ofende a la sociedad es su modo de pensar porque lo trae de toda la vida y cree que su lenguaje es válido para todos. Le falta aprender que en el ejercicio del poder, NL no ocupa que sea misógino, machista, homofóbico o discriminador.

Lo que asombra ya como gobernador es su primitivo modo de razonar realidades sociales lacerantes, caricaturizándolas, haciéndolas objeto de ocurrencias o negándolas de plano. Lo que alarma es que hasta ahí lleguen sus capacidades. Ni siquiera le alcanzan para echar mano de asesores o para hacerles caso. Tal vez como EPN ni cuenta se da que no se da cuenta (y se va a inaugurar la feria del libro más importante de México sin llevar por lo menos dos libros en la mente). Así El Bronco asiste a la instalación de una red de universidades nuevoleonesas promotoras de la salud sin temática de qué presumir en el rubro y todo lo que saca es un desastre político de lo que pudo haber sido un evento lucidor para su Gobierno.

Su soberbia le impide aprender como cuando invitado por ellos, en crasa ignorancia recriminó a los miembros del Consejo Universitario de la UANL por sus “gorritos” (togas y birretes), arcaicos según él; y lo lleva a pretender caer parado ante los yerros: “Quiero expresar a los que malinterpretaron que quizá no fui lo (sic) demasiado explícito sobre el tema y eso pudo causar una confusión”. O sea la sociedad “malinterpretó”. Él estuvo genial. Y todo para venir a ofrecer disculpas días después y hasta aceptar una recomendación de la CEDH para “modular su lenguaje”. 

Con sus declaraciones y diluidos niveles de comunicación política es de suponerse que el llamado gobernador independiente verá considerablemente disminuida su tasa de porcentajes de aprobación de entre los supuestos presidenciables en cuyas encuestas algunos ejercicios de demoscopia lo habían incluido hace meses en la euforia de su nombramiento. En realidad, El Bronco acaba de sufrir un descalabro mediático mayúsculo que le será difícilmente remontable si como se presume, esas mismas casas encuestadoras confirman en breve que la influencia y presencia de los independientes en general se diluyó considerablemente en las pasadas elecciones y que en ellas, la incidencia del Bronco en sus resultados fue prácticamente nula.

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