Entre pares

Mujeres inmarcesibles

La revista Quién atrae a un mercado de lectores pudientes en México. A través de los personajes de elite que exhibe en sus páginas hace demostración sobrada, y a menudo ofensiva, de la opulencia que retrata. Hace del lujo que se derrocha en la cúspide social una narrativa que no esconde como una suerte de la vida el pasar a formar parte de las mayores fortunas del país: "Si estamos leyendo esto quiere decir que hemos sido más afortunadas que otras" (pobres de las otras, diríase).

En esta revista por primera vez se pudo atisbar el palacete que había en una casa blanca en el entorno del presidente Peña Nieto, tiempo antes que un equipo reporteril más avezado y malicioso (el de la periodista Carmen Aristegui) diera a través de esa cobertura rosa con la hebra de una trama de presuntos conflictos de interés y corrupción en las más altas esferas políticas del país.

Ahora, en su número más reciente, Quién retrata y hace hablar a otras, de 31 mujeres de quienes sin ahorrar encomio dice que "han demostrado ser los (sic) pilares de acero del país". No unos pilares cualquiera, sino precisamente los pilares (una zaga nacional hasta ahora desconocida: ¿quién las puso ahí? ¿Cómo se llega a ser el pilar de acero de un país? ¿Con 31 mujeres como "pilares de acero" se sostiene México?).

Más allá de la retórica exaltada que exuda la revista, la receta en voz de la editora Laura Manzo no tiene parangón: "Todos los hombres y las mujeres debiéramos ser menos egoístas en muchas cosas pero principalmente en la revolución femenina porque alcanzada al 100 por ciento, la vida de todos en este planeta cambiará para bien". No se puede negar ambición a la autora del párrafo. Por sus alcances podría estarse frente a una tesis de premio Nobel.

Una de las 31, explica: "Queremos que en México se le den más oportunidades (a la mujer) Muchas somos madres de familia y esposas, pero además de ser profesionistas, sabemos administrar nuestro tiempo". Así la problemática de género se reduce a cronometrar casa, marido e hijos sin que ni por un instante sufra menoscabo la vida profesional. El esposo en estas citas es un ausente impensable de invocar. Él está en sus negocios, en el golf o quién sabe dónde. Por el contrario, la fémina da garantía de cargar con todo y más; y humilde solicita oportunidades porque ella ya sabe ser mujer y profesionista.

Pero mientras culmina esa "revolución femenina" (lo que sea que signifique) y se certifica al cien (¿por quién?), es posible pasar revista a lo que se dice del ramillete de 31 mujeres que la revista destaca en un tono cuya fama y obra las hace inmarcesibles. Ellas en sus camionetas Audi o BMW por lo menos no se marchitan, no se secan, no deslucen, no enflaquecen, menos engordan o carecen de vigor. Por el contrario de la más afamada empresaria de México se repite que ella es prueba que "puedes ser exitosa en tu vida laboral aun teniendo hijos" (y si por herencia presides el Grupo Modelo eso facilita un poco las cosas, cabría añadir).

En vena lírica de ellas se dice prácticamente todo en un lenguaje casi onírico: "Desde las longitudes infinitas del río Nilo, inmenso, hasta los millones de puntos de un encaje de Bruselas, Marie Thérese ha dialogado con lo esencial"; "Denisse encarna la sazón solar (...) la mujer guerrera y femenina que con la vivacidad de su inteligencia doblegaría a la serpiente"; "El polvo no se posa sobre Karla"; "A Sandra no le asusta tenerlo todo"; "Decidida a que su hijo no crezca con nanas, ha encontrado la fórmula perfecta para ser mamá y profesionista"; "Claudia es un ser de luz con un corazón de oro";

"Sofía es mujer con un potencial inconmensurable"; "Elena tiene una apariencia ecuánime y seria que esconde detrás de sus fantásticas gafas", "Jimena y Lety son el dúo que cualquier mujer ama"; "Regina no ha encontrado cuerpo que se le resista"; "De Colette siempre estoy ampliando mi colección de joyas adquiriendo nuevas piezas".

Quizá para equilibrar tanto ditirambo si de modestia se trata, podría escucharse a Denisse Dresser: "Cuando pienso en la belleza no pienso en mí, pienso en el último libro que leí, la exposición de Javier Marín que vi, el concierto de Beethoven con el cual me dormí. Pienso en mi hija de 19 años estudiando en Yale, pienso en mis gemelos y cómo logré hacer algo tan perfecto...". Lo dicho: mujeres inmarcesibles de México en la cúspide de la vida en rosa.


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