Entre pares

Medina "corrige" a Lozoya

Es muy probable que se haya tratado de un juego de palabras entre los funcionarios a valor entendido.

Debió ser grande el escozor que causó a Rodrigo Medina el insensible deslinde del novato director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, sobre la nula responsabilidad que la otrora paraestatal petrolera de México a su cargo, asume para con las víctimas del ecocidio en curso, por derrame de hidrocarburos en las cuencas del río San Juan.

Lozoya no sólo se lavó las manos y asumió a la institución que dirige como una víctima más, sino que incluso negó que Pemex contemplara compensaciones por el desastre ecológico el cual, aseguró —insultando a la inteligencia de la opinión pública—, que en el transcurso de tres días habría quedado saneado completamente el que ya es calificado como el más grande derrame de crudo que hubiera experimentado Nuevo León.

La magnitud de las repercusiones de esa negativa del director de Pemex a otorgar indemnizaciones a los afectados provocó el súbito despertar del gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, quien salió de su apático letargo en el suceso a matizar lo dicho por Lozoya: “Una cosa es que Pemex haya sufrido el intento de robo del hidrocarburo con el agravio a la paraestatal y la otra es la responsabilidad social que debemos tener los gobiernos. Imagínense si fue agraviado Pemex, los productores todavía más que sin deberla ni temerla tienen este menoscabo”.

Más allá de las patadas políticas que hubiera habido por debajo de la mesa, el suceso puso a prueba en la práctica lo que gobernadores como él enfrentarán en forma quintuplicada una vez que las petroleras extranjeras arriben a la región merced a la entreguista contrarreforma energética.

Luego que durante las primeras semanas del derrame petrolero el gobierno medinista lo negó y lo minimizó, al corregir la plana a Lozoya que vino a supervisar las labores de contención en los parajes dañados, Rodrigo Medina declaró a los medios que probablemente había “alguna confusión” y que él personalmente encabezaría los reclamos de los afectados buscando que Pemex los atendiera en justicia para evitar —según dijo— “irresponsabilidades sociales”.

Así en un juego de espejos Rodrigo Medina que había exhibido su propia insensibilidad política al negar que el derrame fuera a producir efectos ecológicos de trascendencia, se refirió a la de Lozoya y de paso aprovechó para corregir su negada postura inicial. En la ocasión ya admitió que “tomará años hacer una limpieza total”.

Desde luego, es muy probable que se haya tratado de un juego de palabras entre los funcionarios a valor entendido. La opinión pública, de hecho, la percibió como una declaración oportunista del mandatario nuevoleonés ante la reacción social enconada, para matizar la negativa de Lozoya a asumir institucionalmente responsabilidades.

Tan oportunista y demagógica como las extraviadas declaraciones del líder del PRI en la entidad, Aldo Fasci, llamando a renunciar al superintendente de Seguridad de Pemex “por afectar la imagen del Gobierno Federal” (sic), (no por dañar un vital ecosistema hídrico y atentar contra la salud de los habitantes ribereños).

Parece que no habrá más allá de palabras ayunas de sentido pese a que los ejidatarios afectados han logrado instalar una mesa de negociaciones y sentar en ella a Pemex. El gobernador desde luego no se ha hecho presente como lo ofreció.

Por parte de Pemex asiste un funcionario menor, el subgerente de Desarrollo Social, quien ha hecho saber que únicamente levantarán un censo de afectados para presentarlo a la aseguradora. Es decir, no será Pemex en sí misma la que otorgue alguna indemnización pecuniaria por el desastre, sino una aseguradora de la hasta hace poco “paraestatal”. Ello no ha impedido al alcalde de Cadereyta, vocero en la práctica de los intereses de la petrolera, que salga a proclamar que “Pemex pagará 42 millones de pesos como indemnización a los ejidatarios”. Y aún ni empieza la puesta en marcha de la “reforma energética”…

gcolin@mail.com