Entre pares

Filosofía Facebook en el Día de la Mujer

Ahí es posible encontrar decantada una seudofilosofía común del día entre un sinnúmero de mensajes insustanciales.

Buena parte interactiva de internet y sus redes sociales es un vasto espejo virtual del pensamiento colectivo; un muestrario de superficialidades que revelan una medianía del hombre cotidiano “que no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición”. Aquel hombre-mediocre del que se ocupara José Ingenieros (“perezoso en sus concepciones intelectuales”, que “custodia celosamente la armazón de automatismos y prejuicios y dogmas acumulados durante siglos”, “sobrellevando con paciencia conmovedora todo el fardo de prejuicios que heredó de sus antepasados”) y más tarde aquel hombre-masa que décadas después retomara Ortega y Gasset, el cual “da por bueno y completo su haber moral e intelectual, para imponer su vulgar opinión sin contemplaciones”, por eso “…no construye nada, aunque sus posibilidades sean enormes”.

Facebook, ese inmenso muro de lamentaciones en que suele convertirse este famoso tablero cibernético, no escapa a lo anterior y una inmensa mayoría de sus millones de suscriptores coadyuvan a cimentar en el imaginario colectivo delirios y fantasías con un tinte de razonabilidad. Ahí es posible encontrar decantada una seudofilosofía común del día entre un sinnúmero de mensajes insustanciales (“lavando el coche”, “comiendo tacos”, “con mi novia en el cine”). Registro de momentos sosos si los hay, anodinos a cual más, para salir del anonimato así sea ante el pequeño público en familia. 

Puede albergar incluso afirmaciones aderezadas de conocimiento que por su sola reproducción masiva no se discute su veracidad. Así es posible que millones reciban (y crean en la autoría de) un poema atribuido a Gabriel García Márquez, aunque este novelista jamás en su vida haya escrito uno. Pero la opinión sobrada de quien lo envía y la ignorancia del receptor, legitima su autenticidad: “Léanlo, está buenísimo, es de García Márquez”. Ya no se habla del poeta que quizá sea el más adulterado de toda la internet: Benedetti.  

Por ello en el Día Internacional de la Mujer, lejos del feminismo integral, de la horizontalidad de roles, de la participación política, del empoderamiento de género (ya no se diga por lo menos cerca de Simone de Beauvior y su Segundo sexo), en pleno siglo XXI circularon en la red párrafos como los siguientes (respetando ortografía y sintaxis) dignos de un banquete freudiano: 

“Las Reinas no lloran por Nada, así que cuando te digan; no eres lo que necesito; dile NO...porque soy MAS de lo que buscabas!!! *Somos perfectas porque no nos quedamos calvas, *Festejamos un Día internacional y otro Nacional *Nos podemos sentar de piernas cruzadas sin dolor *Podemos usar tanto color rosado como azul *Siempre sabemos que nuestro hijo es nuestro *Tenemos prioridad en los naufragios *No pagamos la cuenta, *Somos los primeros rehenes en ser liberados *La edad no disminuye nuestro desempeño sexual *Podemos excitarnos sin que nadie lo note *Podemos hacer el amor cuantas veces por día queramos *Si somos traicionadas somos víctimas *Si traicionamos ellos son los cornudos *Podemos ser madres y padres a la vez NO necesitamos un hombre al lado para criar un hijo *Podemos dormir con una amiga sin ser llamadas lesbianas *Podemos prestar atención a varias cosas a la vez *Mujer de Embajador es Embajadora Marido de la Embajadora, ¿Qué es? *Mujer de Presidente es la Primera Dama Marido de la Presidenta, ¿Qué es? *Si decidimos hacer trabajos de hombres somos pioneras *Si un hombre decide hacer trabajos femeninos es maricón Y POR ULTIMO aunque les duela, *Hacemos TOOOODO lo que el hombre hace...  Ah, Y CON TACONES ALTOS! Jajaja No Hay Duda La Mujer es lo MEJOR envíalo a Las Mujeres que Conozcas Para que Recuerden que Son lo Máximo! y A Ellos para que sepan de que Estamos Hechas VIVA LA MUJERRR...”

Amén de la visión más sexista y homofóbica (“si un hombre decide hacer trabajos femeninos es maricón”), del rosario de lugares comunes interesados para ufanar valía propia (“no pagamos la cuenta”), de vacuidades vanas (“podemos vestir de rosa o azul”), de despechos apenas soslayados que hacen peyorativo un desencuentro sentimental (“¡soy más de lo que buscabas!”), subyace en el texto una rijosidad gratuita al género masculino que no oculta un síndrome larvado de inferioridad per se.

Ni siquiera está claro qué lo motiva o funda, sino que se da por descontado que existe en millones sólo por pertenecer al sexo femenino, lo que a su vez en automático deprecia al masculino. A partir de muy endebles afirmaciones (contrario al texto la mujer de un embajador así permanecerá y jamás un gobierno reconocerá a su esposa como “embajadora”, y la calvicie no es privativa del hombre como lo saben las que sufren alopecia sin distingo de sexos), de desconocimientos crasos de fisiología masculina y de psicología de la crianza, el texto rezuma, por donde se le vea, un supremacismo feminoide, opuesto en todo a la mujer del día instituido por la ONU en pie de igualdad con el hombre.

gcolin@mail.com